La sobreexposición a las pantallas perjudica el desarrollo de los más pequeños

Los especialistas alertan sobre su efectos nocivos sobre el cerebro

Una sobreexposición de los más pequeños a las pantallas de móviles y tabletas tiene efectos nocivos sobre su desarrollo. Así lo demuestran los últimos trabajos científicos llevados a cabo en varios países.

 

Dificultades para concentrase, ensimismamiento, retraso en el habla… Desde hace tiempo, muchos educadores en etapa preescolar manifiestan darse cuenta de que un niño hace un uso indebido de una tableta o un smartphone en casa. Los niños no interactúan con otros niños, no se comunican y se muestran poco interesados por lo que ocurre en el aula. Parecen siempre cansados. Esta preocupación la comparte la comunidad científica que confirma con datos lo que ellos sospechan.

“La pantalla es el chupete de hoy” afirma la  Dra. Ducanda, médico para la Protección Materno-Infantil en Essonne (Francia) en un artículo publicado en el periódico francés Le figaro. “Los padres se sienten más seguros porque sus hijos juegan con aplicaciones supuestamente educativas (…) Piensan que antes empiezan los bebés con lo numérico, mejor preparados estarán en el futuro”. Esta opinión queda por demostrar. Lo que sí se sabe es que la exposición excesiva de los niños pequeños a las pantallas tiene consecuencias graves para su desarrollo.

En una tribuna recientemente publicada en el periódico francés Le monde la Dra Ducanda explica que los niños que llegan a su consulta con graves dificultades de comportamiento pueden pasar de 6 a 12 horas ante una pantalla y que la mejora es espectacular cuando se reduce la exposición. La psicóloga Sabine Duflo señala que le llegan niños de 3 años con trastornos de la comunicación: los pequeños no miran cuando se les habla, no buscan la presencia de los demás, son agitados y pasivos. Las logopedas Carole Vanhoutte y Elsa Job-Pigeard afirman “las pantallas frenan las interacciones con el adulto y su relación con la realidad”.

En otro ámbito, esta vez en Canadá, una investigación llevada a cabo por la científica Catherine Birken y presentada en mayo 2017 en un congreso concluye que existe un paralelismo entre el tiempo que pasan los niños entre 6 meses y 2 años ante una pantalla y el riesgo de sufrir retraso en el desarrollo del lenguaje. A cada media hora añadida a su exposición diaria ante un smartphone, el riesgo  aumenta un 49 %.

Demasiado es demasiado

Otra investigación publicada en abril en la revista británica Scientific Revue muestra que el 75% de los bebés de 6 a 36 meses manejan diariamente un smartphone. El porcentaje sube al 92% después de los 2 años. Si es de 9 minutos entre los 6 y los 11 meses, alcanza los 45 entre 26 y 36 meses. Han encontrado que tal consumo también afecta al sueño de los niños. Las pantallas prolongan el tiempo de adormecimiento y acorta el de sueño nocturno.

Los riesgos son inmediatos pero también para el futuro. Al conocido factor de obesidad por falta de actividad física, se añade el de las dependencias. En el portal Slate.fr,  el Dr William Lowenstein, presidente de SOS Addictions recuerda que los abusos muy precoces aumentan los riesgos de dependencia para cualquier actividad en edad adulta: consumo de alcohol, cannabis, comida… “El abuso de las pantallas en los niños pequeños fabrica un cerebro humano nuevo. Ciertamente un cerebro hiperconectado pero un cerebro deshumanizado” aclara el investigador.

A su justa medida

¿Debemos entonces alejar a los niños pequeños de todo tipo de pantallas? “ En vez de pantallas, se recomienda el juego independiente supervisado cuando los padres no pueden sentarse a jugar activamente con sus hijos. Conviene que tengan en mente que los medias que utilizan pueden perjudicar a sus hijos” decía la American Academy of Pediatrics (AAP) en 1999. Desde entonces, las cosas han cambiado con la llegada masiva a los hogares de móviles y tabletas. Recomiendan ahora no exponer a los niños menores de 18 meses a las pantallas sean estas televisión o smartphones. A partir de esta edad, un ratito con aplicaciones educativas pero siempre en presencia de un adulto. Entre los 2 y los 5 años, fijan el límite en una hora diaria y siempre con un adulto interactuando con el niño. En cuanto a las consolas, retrasan su uso a los 6 años. Otros expertos preconizan un uso moderado en periodos muy cortos – unos 10 minutos- y menos de una hora entre los 2 y los 5 años. Los más escépticos prefieren la abstinencia hasta los 6 años. Por su parte, el psiquiatra infantil Serge Tissan fija los límites con la regla del 3/6/9/12. Nada de televisión antes de los 3 años, de videojuegos antes de los 6, de acceso a internet sin la presencia de un adulto antes de los 9 y de redes sociales antes de los 12.

 

Victoria Gómez