El niño al que le cuesta despedirse

Sin mentiras ni llantos

Entre los dos y los tres años los niños pueden pasar por una etapa en la que muestran serias dificultades para despedirse de los seres queridos con quienes han pasado un rato de juegos y diversión. Acortar las despedidas lo máximo posible y no mentirle es clave para que supere esta fase.  

 
Niño llorando

Después de una divertida tarde de juegos o una mañana disfrutando en el parque no es de extrañar que a los niños les cueste decir adiós a esa abuela o ese tío con quien ha pasado un rato inolvidable. Los pucheros, las lágrimas y las suplicas para compartir “un ratito más” son un habitual en este contexto y las cesiones de los adultos, también.

Esta conducta es típica entre los dos y los tres años y puede prolongarse más allá de esta época si los niños comprueban que esta conducta les sirve para conseguir sus propósitos. Es su forma de expresar que se sienten a gusto con quienes les han acompañado y que van a echarles de menos. El berrinche es más frecuente cuando son papá o mamá quienes se marchan al ser los adultos con quienes los niños sienten una mayor vinculación.

Cómo lograr un adiós sin lágrimas

Por mucho que queráis postergar el momento y le concedáis ese “ratito más” que os reclama incesantemente, tarde o temprano tendréis que despediros. Para evitar que la marcha esté rodeada de lágrimas, aplica estos consejos:

- No centréis la atención excesivamente en el niño. Le explicaremos que la visita tiene que irse para que se despida y después le intentaremos orientar a otra actividad que le guste, como jugar o pintar.

- Si el niño sigue berreando y pataleando por la marcha, no le hagas caso hasta que la rabieta haya cesado. Es más que posible que sólo busque llamar la atención.

- No le mientas diciéndole que la tía va a comprar una cosa y enseguida vuelve. Si lo hacemos y después ven que no es verdad, el niño perderá la confianza en nosotros. Explícale que se tienen que ir a dormir a sus casas y que otro día vendrán a jugar con él.

- Pide a las visitas que no engañen a tu hijo pues, cuando se dé cuenta de que no van a volver, te tocará a ti consolarle. Si aún así le mienten, después podremos decirle “al final han tenido que marcharse. Otro día vienen a verte”.

- No te sientas culpable por tener que marcharte ni te preocupes en exceso por el disgusto del pequeño. Su berrinche durará apenas unos minutos y después seguirá con sus rutinas.

- Si llora cuando sois vosotros los que os vais, explícale que tenéis que marcharos y despídete sin más. Si no quiere que te vayas y se enfada, actuaremos como con las visitas, sin prestarle atención hasta que se le pase. Cuando esté tranquilo le explicaremos que no debe comportarse así, pues no ha conseguido nada y os pone tristes. Si ve que su conducta negativa no da resultados, cesará en ella.

Asesoramiento: Paloma Méndez, psicóloga infantil del Centro Activa Psicología y Formación.

 

Laura Jiménez