De 2 a 3 años: ayúdale a dejar el biberón

Cómo conseguir que lo deje

Hay niños que, a pesar de saber beber en vaso correctamente, no son capaces de desprenderse del biberón. ¿Comodidad, dependencia, tranquilidad…? El motivo no siempre es el mismo, pero en muchas ocasiones está cimentado sobre la base de un aprendizaje inadecuado.

 
Dejar el biberón

Casi todas las conductas de los niños son aprendidas, se apoyan en el ejemplo que les damos. Así, una actitud nuestra aparentemente inofensiva y repetida con regularidad puede llevar al niño a ser incapaz de abandonar un hábito. Lograr desprenderse para siempre del biberón no es solo una tarea del niño; tú también tienes mucho que ver.

Los peligros del biberón
¿Por qué conviene que los niños dejen el biberón antes de los tres años? Por una parte, están los motivos psicológicos. Si tu hijo es el único de la clase que lleva su biberón a todas partes, pueden sentirse desplazado y es posible que incluso sufra las burlas de otros compañeros. Además, para desarrollarse adecuadamente, sin miedo a crecer y hacerse más independiente, el niño debe sentir que es mayor, que ya no es un bebé y esto es fundamental que se lo trasmitas tú con tu forma de tratarle.
Por otro lado, están las cuestiones de salud. Tener el biberón continuamente en la boca puede deformar el paladar y dificultar el habla. También puede favorecer las caries, ya que el azúcar que contienen algunos alimentos, como los zumos, se queda en la tetina y está en continuo contacto con los dientes.

Solo para beber
El biberón debe formar parte de la vida del niño solo como un instrumento para su comodidad hasta que sea capaz de beber en vaso. No te acostumbres a ofrecérselo cada vez que llora o se enfada. Si lo haces, él terminará asociándolo con una forma de consuelo y le costará mucho dejarlo. Es curioso que los padres se preocupen porque su hijo deje el chupete, lo que consideran un ejemplo de madurez del niño, pero permiten que usen biberón mucho tiempo. Sin darse cuenta, convierten el biberón en un sustituto del chupete.

Es común ver niños de 3 o 4 años que beben perfectamente en vaso pero, ante el más mínimo disgusto, lloran desconsolados en busca de su biberón.

Beber en vaso
Aprender a beber en vaso no es fácil. Al principio, lo inclinamos demasiado deprisa, nos atragantamos, nos da la tos y nos mojamos la ropa. Pese a esta dificultad, los niños de dos años ya dominan bastante bien este aprendizaje.

La mejor forma de aprender es ir paso a paso, aprovechando las soluciones que se ofrecen en el mercado. Para que se acostumbre a no usar tetina, empieza por darle un vaso con boquilla, así no podrá tirarse el agua encima; después puedes pasar a un vaso con asas, que le resultará mucho más fácil de sujetar. Y, cuando ya sepa beber en vaso, olvídate para siempre del biberón.

Esto no quiere decir que lo hagas desaparecer de un día para otro sin dar ninguna explicación a tu hijo. Deja de ofrecérselo y dale de beber siempre en vaso. Si te pide el biberón, al principio, no se lo niegues, pero explícale que ya es lo bastante mayor para beber igual que lo hacen los adultos y felicítale por este gran logro.

Para que le resulte más fácil desprenderse de él, puedes decirle que vais a cambiar su viejo biberón de cuando era pequeño por un “vaso de mayor” y regálale uno bonito o ve con él a comprarlo. Cuando consiga dar este paso, tú no te quedes atrás y lleves el biberón a todas partes “por si acaso”. Si quieres llevar agua, usa una botellita o una cantimplora.

Ísar Monzón