"Castigar no es la manera de resolver una rabieta"

La psicóloga Alexandra Sierra responde a nuestras preguntas sobre las rabietas

¿Los niños de hoy tienen más rabietas que antes? ¿Hay que castigar una rabieta? ¿Los nuevas tecnologías fomentan los ataques de cólera? La psicóloga Alexandra Sierra responde a nuestras preguntas sobre cómo responder ante las conductas de enfado y descontrol emocional de los niños.

 

Alejandra Sierra, psicóloga infantil.

¿Es normal que un niño de 2, 3 o 4 años tenga rabietas o indica que algo está fallando en su educación?

Es totalmente normal que un niño tenga rabietas, por lo menos hasta los 4 años, edad a la que el pequeño debería empezar a saber gestionar y expresar sus emociones de manera más adaptativa. Hasta los 4 años, el niño no tiene el lenguaje adecuado para expresar lo que quiere o siente y tampoco sabe cómo manejar el enfado o la frustración que nota frente al incumplimiento de sus expectativas. No saben expresarse de otra forma. Es labor de los padres enseñarle, poco a poco, a gestionar esas emociones y expresarlas de manera adecuada aprendiendo a tolerar la frustración.

Se oye desde ciertos sectores de la educación infantil que los niños de hoy tienen más rabietas que antes. ¿Qué opina?

Es cierto que los niños de hoy se desarrollan en un ambiente muy distinto. Los avances tecnológicos y también la gran oferta de juegos, comida y bebida, rodean al niño de un mundo que le resulta difícil de gestionar. De manera que constantemente nos encontramos con niños con un comportamiento más explosivo que antes. A esto se añade que tienen menos oportunidades de realizar actividades al aire libre que se substituyen por actividades controladas por una tele o una tabletas. Esto les resta oportunidades de correr y relajarse. Toda la energía contenida termina por explotar.

¿Hay que castigar a los niños cuando tienen rabietas?

Castigar no es la manera de resolver una rabieta. Los padres deben aprender a identificar la conducta desencadenante de la rabieta. Los adultos sí podemos identificar las emociones y debemos ayudar al niño a redirigir la conducta-problema. Es importante mantenerse firme, en ningún caso el niño debe aprender que mediante una rabieta obtiene lo que quiere, ya que de esta manera le estaremos enseñando que con la rabieta obtiene su objeto de deseo. Si respondemos con enfado o castigo ante una rabieta estaremos fomentándola ya que somos modelos de referencia y el niño aprende a imitar la conducta de sus padres.

¿Ignorar las rabietas como si no estuviera pasando nada es un buen método?

La rabieta tiene como finalidad atraer la atención de los demás. Cuando hacemos caso a esa atención que reclama el niño ya estamos cumpliendo las expectativas del menor y por tanto reforzando su conducta. La pataleta es un comportamiento negativo y nuestra atención el premio, por lo tanto si lo que queremos es extinguir la rabieta, no tiene sentido premiarle con atención, aunque sea para regañarle. Si se mantiene la actitud de ignorar el berrinche tenderá a extinguirse.

Últimamente se ha venido a criticar la estrategia llamada “silla o rincón de pensar” porque aísla al niño y le deja frente a su enfado sin explicaciones. ¿Qué opina de este método?

El método del tiempo fuera (time out), es únicamente recomendable para situaciones en que el berrinche cobre una especial intensidad. No es válido para todas las situaciones, resulta  aconsejable para situaciones que no se puedan controlar, pues debemos dejar que el niño se relaje y aislarlo de cualquier elemento que pueda alimentar su rabieta. El niño debe aprender cuales son las consecuencias de su conducta y para ello no debemos ceder, debemos ser firmes y consistentes a la hora de practicar la extinción de la conducta-problema. En el momento en que pase la rabieta no debe hacerse ninguna critica negativa acerca de su conducta.

No es raro ver a niños en edad preescolar manejar tabletas o pasar largo rato delante de la televisión. Tanto tiempo frente a una pantalla, ¿no es factor de cansancio y pérdida de control emocional?

Todo en exceso puede resultar nocivo. Las tecnologías en su justa medida pueden resultar saludables para el desarrollo de los niños, pero en los tiempos actuales caemos en el error de utilizar las nuevas tecnologías como “niñera” para tener a nuestros hijos ocupados y entretenidos. Esto hace que el niño deje de desarrollar muchas cualidades y aprendizajes necesarios para su desarrollo y a su vez adquiera otros que no son saludables, como la impaciencia. El niño que abusa de las tecnologías, pierde su capacidad de pensamiento creativo y no aprende las habilidades sociales necesarias para una correcta comunicación y desarrollo en sociedad. También tendrá una muy baja tolerancia a la frustración ya que dejara de pensar por sí mismo para dejar en las tecnologías la obtención de sensaciones positivas y agradables. Todos estos mecanismos que el niño deja de desarrollar juegan un papel importante en el manejo de sus emociones y necesidades. El resultado es que el niño pierde el control sobre sus emociones.

La psicóloga infantil Alexandra Sierra ejerce en el ISEP Clínic de Barcelona

 

Victoria Gómez