Las clases de música mejoran las conexiones cerebrales

Formación a edades tempranas

14/02/2013

La música no sólo “amansa a las fieras” sino que también las vuelve más inteligentes o, al menos, mejora las conexiones cerebrales, sobre todo si se empieza a estudiar antes de los siete años.

 
Tocar violín

Seguramente ya habrás oído hablar del “efecto Mozart”, ese método que asegura que escuchar música del compositor austriaco, o música clásica en general, es capaz de tranquilizar a los bebés y desarrollar su inteligencia de forma prematura. Puede que también hayas constatado con tu recién nacido que las canciones que escuchaste de manera repetitiva durante el embarazo ahora le resultan familiares y le relaja y no nos cabe duda de que pasas grandes ratos con tu hijo bailando y cantando las canciones infantiles que tú ya tarareabas con su edad.

A todos los beneficios que la música tiene sobre el estado de ánimo ahora se une otro descubierto por la Universidad de Concordia, de Montreal (Canadá): recibir clases de música antes de los siete años ayuda a establecer fuertes conexiones entre las regiones motoras del cerebro, sobre todo aquellas encargadas de planificar y desarrollar movimientos.

Al parecer, para tocar un instrumento hay que tener una enorme coordinación entre las manos y los estímulos visuales y auditivos y es a esta edad cuando más rápidamente maduran las regiones sensoriales del cerebro asociadas a estas destrezas.

Para comprobarlo, los científicos escanearon el cerebro de 36 músicos adultos que había empezado su formación antes y después de los siete años pero con los mismos años de experiencia y los compararon con individuos con poca o ninguna formación musical.

Las pruebas constataron que aquellos que empezaron antes de los siete años son más precisos incluso con sólo dos días de práctica y tenían la sustancia blanca del cerebro reforzada en un haz de fibras nerviosas que conectan la región derecha e izquierda del cerebro.

Una razón más para que dejes disfrutar a tu pequeño de la magia de la música.

 

Laura Jiménez