Peleas entre hermanos. Las causas

Averigua el motivo de sus conflictos

Le has ofrecido lo que te parecía el mejor compañero de juegos: un hermano. Pero en vez de jugar y divertirse juntos, se pasan las horas muertas discutiendo, protestando, insultando. ¿Por qué pelean tanto?

 
peleas entre hermanos. las causas.

Varios factores explican que muchos hermanos se pasen el tiempo peleando. Conviene tenerlos en cuenta para entender la complejidad de sus relaciones y ayudarles a mejorarlas.

1. La edad. Las discusiones son más frecuentes a medida que aumenta la autonomía de los niños. Hasta los 5 años, las agresiones físicas – morder, tirar del pelo…-, son más frecuentes y se deben en gran medida a la etapa evolutiva en la que se encuentra el pequeño. A partir de esta edad, tiene más control sobre su expresión oral y sus ataques se vuelven poco a poco más verbales.

2. Los años que les separan. Desde la psicología infantil, se subraya que los niños con menos de 18 meses de diferencia  se crían como mellizos. No recuerdan la relación con sus padres sin el hermano lo que disminuye el factor “celos”. Comparten juegos y amigos. En cambio, suelen competir más y reclamar la atención de los padres a la vez.

Con más de 5 años entre ambos, se crían como hijos únicos. Su relación es más distante porque están en etapas evolutivas diferentes. Si el mayor abusa de su autoridad, ignora o chantajea a los más pequeños, no escaparemos de los conflictos. Tampoco nos libraremos cuando el benjamín usa de su edad para buscar la protección del adulto y “chivarse” continuamente. 

3. La necesidad de competir. Los niños necesitan medirse, poner a prueba sus habilidades y las personas que tienen más a mano para compararse son sus hermanos. Esta actitud es sana y necesaria para  desarrollar una buena autoestima y una autoimagen correcta. Con ello, adquieren seguridad y ganas de superarse. No deberíamos impedir sus "combates competitivos", sí sus derivas agresivas físicas y verbales. 

4. Los celos.  Tener celos puede envenenar mucho las relaciones entre hermanos. En este capítulo,  desarrollar su inteligencia emocional les ayudará a reconocer sus sentimientos y controlar los que, como los celos, les perjudican. Si los celos son intensos y constantes, los padres deberían analizar su forma de relacionarse con sus hijos. Quizás, sin pretenderlo, aviven estos sentimientos con tratos diferentes que los niños interpretan como preferencias afectivas. 

5. La personalidad. La forma de ser de los niños también tienen un impacto directo sobre sus relaciones. Un niño más conciliador se llevará mejor con uno de fuerte carácter. Compartir género es otro factor que puede ayudar a tener relaciones más fáciles porque también las aficiones, los intereses y los juegos son parecidos.

6. Un mal momento. Todos pasamos por momentos más complicados que pueden degenerar en actitudes poco conciliadoras. Los niños no son una excepción. Si uno de tus hijos está con frecuencia de mal humor, pasivo, poco colaborador, tristón e incluso agresivo, conviene profundizar en su entorno y dialogar con él para averiguar dónde está el problema. 

7. Un ambiente combativo en casa. Los niños son el puro reflejo de la imagen que les proyectamos. No podemos esperar que se porten de forma colaboradora si los adultos, dirimimos nuestros conflictos con mal talante y agresividad.

 

Victoria Gómez