Mejor que castigar, oblígale a reparar

Una estrategia educativa eficaz

¿Qué hacer cuando los hijos se portan mal? ¿Castigarle? Aquí te proponemos una estrategia eficaz y buena para enseñarle disciplina y desarrollar su  inteligencia emocional: la reparación.

 
niño llorando

En los procesos de educación, los castigos deben ser la excepción a la regla. Es lo que firma la psicoterapeuta Brigitte Racine en su libro "Disciplina en la infancia". Y es que castigar crea frustración e inseguridad. Además, si castigamos demasiado a menudo, el niño se va acostumbrando y se vuelve indiferente a la pena. Incluso puede despertar en él resentimiento y ganas de venganza. Puede interpretar estos conflictos constantes como falta de amor.

Existen otras alternativas al castigo que se deben explorar antes de castigar. La más celebrada por los pedagogos es la reparación de la falta cometida. Se trata de compensarla por una conducta que alivie sus consecuencias. "Reparando nuestras equivocaciones, experimentamos el sentimiento de ser buenas personas" afirma la psicoterapeuta.

Reparar ¿como?

Si usamos la reparación para enseñar la disciplina al niño, estamos favoreciendo el desarrollo de su inteligencia emocional porque le explicaremos el impacto que ha tenido su falta sobre el otro. ¿Cómo se siente el niño al que has empujado? ¿Cómo te sentirías tú si te hicieran lo mismo? Estas preguntas ayudan al niño a ponerse en el lugar del otro. Una vez entendida la consecuencia de su falta, hay que pactar con él la reparación. Las excusas no son más que palabras y no son suficientes. El niño se tiene que implicar más. Por ejemplo, si te ha hecho perder tiempo porque ha jugado en vez de prepararse para el cole, deberá ayudarte en otras tareas. Si se ha portado mal con su hermano pequeño, se le pedirá que le cuente un cuento o le preste un juguete. 

La reparación es una estrategia educativa más compleja que el castigo. Implica una valoración de la falta cometida desde los sentimientos que ha producido en el otro. Si el niño rompe un florero que te gusta mucho porque jugaba con su balón en el salón y se lo tienes prohibido, tendrá que entender tu tristeza y asumir su responsabilidad. También tendrá que hacer uso de su creatividad para pactar contigo la reparación. Como cualquier castigo, la reparación tiene que ser proporcional a la falta y cumplirse de forma inmediata. Escucha lo que te propone, oriéntale y sé firme con su cumplimiento. 

Para más información: Disciplina en la infancia ¿Por qué? ¿cómo? de Brigitte Racine. Editorial Narcea.

 

Victoria Gómez