Los tipos de castigo moderno

Aplícalos si se porta mal

Los psicólogos insisten en que es mejor reforzar los comportamientos positivos de nuestros hijos que castigarle sin más cuando se porta mal. Estas técnicas te serán útiles cuando tengas que reprenderle.

 
Castigo moderno

En lugar de castigos, consecuencias educativas. Ese es el consejo de los especialistas cuando tu hijo se porta mal. La diferencia entre uno y otro es el esfuerzo que supone al niño realizarlo. Si tu niño rompe un jarrón del salón a propósito, no tiene sentido que le dejes sin comprarle cromos. Eso sería un castigo. Una consecuencia negativa supondría que el pequeño tuviera que reponer el daño reparado, destinando parte de su paga a comprar otro o modelándolo con arcilla.

Emplea también estas alternativas al castigo tradicional:
1. La ilusión de la doble alternativa. Si no quiere estudiar, no le insistas, pregúntale sólo qué asignatura repasará primero. Así creamos en el niño la ilusión de que es él quien elige libremente qué hacer, por lo que se sentirá más valorado.
2. La técnica del fuera de juego. Útil con pequeños alborotadores, agresivos y desobedientes y se basa en la retirada de la situación a eliminar. Si salta en el sofá, le bajamos inmediatamente y le sentamos en una silla un rato. Puedes usar tarjetas como los árbitros de fútbol para que el niño sepa cuándo está expulsado con más facilidad. El tiempo de aislamiento ha de ser de un minuto por año.
3. La sobrecorrección. Supone que el niño restituya el daño que ha causado o que repita lo que hizo de forma alternativa y positiva.
4. El sistema de pegatinas y puntos. Premia los comportamientos positivos del niño con una pegatina de determinada forma o color y sanciona los negativos con una diferente. Para que funcione es vital tener claro cuántos puntos debe acumular para obtener un premio y que sea no material: una excursión en familia, una merienda con los amigos…
5. El pacto. Es útil si es mayor de 10 años. Escribid un contrato para cambiar alguna conducta del niño y de los padres –puede que le moleste que entres en su cuarto sin llamar a la puerta–. En el contrato debe establecerse los privilegios que se obtendrán si se cambia de actitud y la sanción si no se respeta.
6. La consecuencia disuasoria. Asocia un comportamiento no deseado con una consecuencia desagradable. Por ejemplo, si no ha acabado los deberes, tendrá que madrugar para terminarlos; si no ha querido leche para desayunar, se la ofreces en la merienda. Así el desagrado que le causó no le hará recaer.

Asesoramiento: Mª Luisa Ferrerós, psicóloga y autora del libro ¡Castigado! ¿Es necesario?

 

Laura Jiménez