Los castigos injustos, nocivos, ineficaces

Las situaciones en las que no convienen

Saber cómo castigar a un niño no es fácil. Hay ciertos tipos de castigos que no deberiamos dar nunca. Pero también mandan las circunstancias, la actitud del niño, su estado emocional... La psicóloga María Luisa Ferrerós nos da pautas para saber cuándo no castigar y qué castigos no convienen nunca.

 
Castigos

Educar pasa por enseñar al niño a reprimir ciertas conductas y para ello es, a veces, imprescindible castigar. El objetivo no puede ser nunca vengativo tipo "¡esa, me la pagas!". Se trata de que el niño aprenda a reprimir sus impulsos y evite esas conductas no deseables. Para llegar a nuestra meta, es importante no equivocarse en el tipo de castigo que, para que sea eficaz tiene que ser poco frecuente. Hay situaciones que no deberían castigarse porque, además de ineficaz, sería injusto.

Los castigos a evitar siempre

Hay muchos tipos de castigo para intentar enmendar la mala conducta de los niños. Sin embargo, hay tres que, según la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, son totalmente desaconsejables:

- El castigo físico que, además, está penado por la ley.

- El sancionador, que supone la retirada de privilegios como dejar al niño sin postre, o las reprimendas pues dañan la autoestima y alientan la mentira en los pequeños.

- Los humillantes, como ponerle de cara a la pared o hacerle copiar 100 veces “eso no se hace”, pues causan daño emocional y no reparan la actitud negativa.

Las situaciones no punibles

Pero, además, hay determinadas circunstancias en las que un niño no debería ser castigado:

  • Si está enfermo, pues puede mostrarse especialmente irritable lo que justificaría su mala conducta. Muéstrate paciente y conciliadora mientras se encuentre malito.
  • Si no ha tenido mala intención o lo ha hecho sin querer. Pídele que se disculpe y olvídate.
  • Cuando no tengas claro si él es el autor de la travesura. En caso de dudas, mejor abstenerse.
  • Cuando se produzcan acontecimientos extraordinarios en su entorno, como un divorcio, un cambio de domicilio, la muerte de un familiar, el nacimiento de un hermano… El impacto emocial que está viviendo es el motivo de la mala conducta. En vez de fijarte en ella, intenta tranquilizarle, hablándole de lo que está sintiendo por dentro.
  • Cuando está muy asustado y arrepentido por lo que ha hecho. Acepta sus disculpas y pasa a otra cosa.
  • Si está cansado, tiene hambre o sueño, pues no responderá ni a tus avisos ni a tus reprimendas.
  • Si vosotros no estáis delante cuando cometió la infracción. Son los adultos que se encontraban con él quienes deben hacerlo.

Asesoramiento: Mª Luisa Ferrerós, psicóloga y autora de ¡Castigado! ¿Pero es necesario?

 

Laura Jiménez




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