Las claves para que el niño de 2 a 5 años duerma bien

Enséñale buenos hábitos de sueño

Dormir bien para descansar, aprender, crecer… El buen dormir se asocia a la salud y el bienestar. ¿Cómo lograr que su descanso nocturno sea bueno tanto en calidad como en cantidad? ¿Cómo ayudar en que adquiera desde la infancia buenos hábitos de sueño?

 
 Las claves para que el niño de 2 a 5 años duerma bien

Los pediatras lo saben mejor que nadie: el sueño infantil es uno de los temas que más preocupan a los padres. Por desconocimiento sobre su proceso de maduración, por las malas costumbres que con frecuencia se cuelan en casa, el mal dormir de los niños pequeños se prolonga más de lo deseable, pasados incluso los 5 años. Estos son los consejos que la Asociación Española de Pediatría ofrece sobre este tema.

1. Dar prioridad a las rutinas

Las rutinas ayudan a organizar la vida del niño y le predispone para la siguiente etapa del día: primero el baño, luego la cena, y a continuación la cama. Todas estas actividades se deberían hacer siempre a la misma hora para que el niño integre el patrón de tiempo y adquiera desde pequeño buenos hábitos. “Para enseñar a los niños a dormir, todos los que intervengan deben actuar siempre de la misma forma. El niño debe saber que la respuesta del padre, la madre o los abuelos va a ser igual" subraya la Asociación Española de Pediatría. 

2. La cena ayuda

El niño no debería ir a la cama sin cenar o después de tomar bebidas estimulantes como las de cola o los zumos de naranja. La cena debería ser suficiente, con alimentos que predispongan a dormir. 

3. Tranquilidad siempre

Para dormirse, el cuerpo debe ponerse en modo "pausa". El estado de alerta se desactiva  y surgen las ganas de dormir. Antes de ir a la cama, no son aconsejables los juegos de ordenador, tableta y otros dispositivos, las películas de intriga o acción, las peleas de cualquier tipo, las bromas de mucha risa, las cosquillas y todo lo que conlleva respuestas reactivas y excitación. Lograr el estado propicio al sueño requiere por lo contrario actividades apaciguadoras: hojear algún libro, escuchar un cuento, hacerse confidencias o suaves caricias…

4. Dormirse a solas

Solitos en la cama, muchos niños se sienten abandonados y reclaman constantemente la presencia de sus padres. Es lo que se conoce como “ansiedad de separación”. Pero conciliar el sueño se logra mejor a solas y es preferible que el pequeño se acostumbre a ello. Una vez más, las pequeñas rutinas alivian sus miedos: una lamparita siempre encendida, la puerta entreabierta, la voz de papá o mamá en la cocina, el sonido amortiguado de la televisión, el chupete, un peluche o cualquier objeto suave y con un olor familiar. A la hora de salir de la habitación, mantente cariñosa pero firme para evitar un largo y pesado proceso de negociación: más cuento, más agua, más luz… Al final, más presencia de papá o mamá.

5. Dormir lo suficiente

Al igual que los adultos, los patrones de sueño de los niños varían mucho de uno a otro. Por regla general, se calcula que:

en torno a los 2 años, suelen dormir entre 10 y 13 horas. El 15 por ciento del tiempo corresponde a una siesta después de la comida del mediodía.

-  entre los 3 y los 5 años, la siesta se va haciendo más corta y el niño duerme unas 10-12 horas.

-  a partir de los 5 años, el reposo del mediodía desaparece y el pequeño duerme unas 10-12 horas hasta la preadolescencia, etapa en la que el sueño se reorganiza.

Con este esquema indicativo en mente, nos queda ofrecer al niño un entorno favorable para que duerma ni más ni menos de lo que precisa: una cama confortable, una habitación a una temperatura en torno a los 22 grados, penumbra, nada de ruido, etc.

6. Los despertares nocturnos son normales

Los niños pequeños suelen despertarse con frecuencia durante la noche. Es un fenómeno propio del proceso madurativo del sueño que va desapareciendo con el paso de los años. Se explica por las dificultades que tienen al pasar de un ciclo de sueño a otro. Poco a poco, el proceso se va normalizando y los despertares nocturnos son cada vez menos frecuentes y más cortos. Mientras tanto ¿qué hacer cuando el niño se despierta? Si te llama, acude a él y tranquilízale sin alargar tu presencia a su lado. Cualquier otra estrategia es contraproducente. Sobre todo, no le regañes ni te pongas de mal humor para que no se estrese.

Procura evitar sacarle de su cama para meterle en la tuya al menos que seas una convencida defensora del colecho. Al respecto, la Asociación Española de Pediatría opina que “no es recomendable que los niños duerman en la cama de los padres, ya que se altera la fisiología del sueño del niño, además de la de los padres. El sueño de los niños mayores que duermen con los padres es menos reparador”.

A partir de los 2 o 3 años, los niños suelen tener pesadillas muy perturbadoras o terrores nocturnos. Es importante distinguirlos y actuar en consonancia con cada caso. También pueden surgir otros problemas del sueño –bruxismo, somnanbulismo, etc - que conviene conocer y acompañar.

 

Victoria Gómez