¿Cómo educar a un desobediente?

Así lograrás que se porte bien

Si ya has probado todos los tipos de castigo posibles y aún así tu hijo ignora todas las amenazas y retiradas de privilegios, necesitas cambiar de estrategia para lograr que se porte bien.

 
 

La importancia de obedecer

Aprende cómo conseguir que tu hijo entienda la importancia de cumplir las normas y el porqué de su existencia.

Los niños desobedecen las órdenes de los adultos con cierta frecuencia. Es su forma de descubrir dónde están los límites, de retarnos y de demostrar que ellos también tienen su carácter y quieren mandar. El típico castigo “te quedas sin” no funciona con unos pequeños que están saturados de objetos con los que entretenerse de tal forma que si retiramos uno, siempre van a poder acudir a otro. ¿Qué podemos hacer entonces?

Castigos en su justa medida

Los especialistas señalan que castigar a un niño es contraproducente, daña su autoestima, produce tensión y afianza las conductas del pequeño. Pero es necesario “educarles en la realidad”, de tal forma que comprenda que, si se portan mal, su actuación tiene consecuencias. Reprenderles y sancionarles no sería negativo siempre que se tuvieran en cuenta estas premisas:
- Para que un castigo sea educativo debemos explicar a nuestro hijo, sin gritos ni aspavientos y con calma, por qué su conducta ha sido incorrecta e instarle a corregirla.
- Debe conocer de antemano los límites que no puede sobrepasar y el castigo que recibirá si lo hace para sopesar si le merece la pena saltarse las normas.
- El castigo debe ser inmediato, proporcional, equilibrado y coherente a la edad, al grado de madurez y al tipo de falta cometida.
- No uses restricciones absolutas como “te quedas sin paga para siempre” y castiga con coherencia. Es imposible que se pase una semana sin ver la tele, prohíbele disfrutar de su serie favorita un par de días.
- Las amenazas continuas y los avisos hacen que el castigo pierda eficacia. Dale tres advertencias, no más.
- No le perdones el castigo así como así y, de hacerlo, explícale por qué lo has hecho. Si has pagado un enfado tuyo con él y le has sido demasiado severa, pídele disculpas, explícaselo y rectifica.
- No uses sus necesidades básicas para castigarle; ni su descanso, ni su alimentación, ni los deportes que practique.
- Educa a tu hijo sin gritos ni le compares con otros niños, menos con sus hermanos.
- Si intenta abrazarte, darte un beso o decirte que te quiere para reparar el daño hecho, no le rechaces pues podría sentirse dolido.
- Anímale cuando actúa bien, reforzando ese comportamiento, prestándole atención cuando obedezca y tenga buena actitud y comentándole que esa es la forma como debe comportarse.

Asesoramiento: Mª Luisa Ferrerós, psicóloga y autora del libro ¡Castigado! ¿Es necesario?

Laura Jiménez