5 rasgos de personalidad que comparten los hijos únicos

Ventajas e inconvenientes

Según todos los especialistas, el hecho de criarse sin hermanos marca la personalidad del niño. Las consecuencias son a veces positivas y otras no tanto, todo depende de la actitud de los padres y de su habilidad para contrarrestar los aspectos negativos de no tener hermanos. 

 
personalidad del hijo unico
Vivir sin la necesidad de compartir con otros hermanos el cariño, la atención y la generosidad de los padres, sin esa otra "vara de medir" que impone el roce con ellos, marca la personalidad de los hijos únicos. Tanto es así que se han definido rasgos de personalidad y características que suelen compartir los hijos únicos. A los padres corresponde adecuar su educación para sacar provecho de las ventajas y contrarrestar los inconvenientes de crecer sin hermanos.
1. Afectuosos y muy unidos a sus padres
  Comparten mucha intimidad con ellos y los lazos que los unen son muy fuertes. Los niños admiran a sus padres, los imitan en todo, comparten gustos, opiniones y forma de ser. No es raro que de adulto, elija la misma profesión. 
El riesgo: en la adolescencia, los niños necesitan rebelarse contra los padres para asumir su propia identidad. Los hijos únicos tardan más en hacerlo y esta falta de sana rebeldía puede ocasionar una importante carencia de imagen propia en unos años claves para su desarrollo personal.

2. Ambiciosos 

Desde pequeños, suelen llevar sobre sus hombros los sueños de sus padres que se proyectan en ellos como único espejo. Están acostumbrados a ser exigidos, a soportar la presión y a buscar el éxito. 

El riesgo: los padres no deben perder de vista que su hijo no ha nacido para alcanzar sus ambiciones. Les toca encontrar su propio camino.

3. Seguros de sí mismo

No tienen competidores en casa y reciben todos los estímulos y todas las alabanzas lo que contribuye a que crezcan con una buena autoestima

El riesgo: pueden llegar a pensar que son niños superiores a los demás o que su manera de actuar es la única posible. Esto les hará mostrarse intolerantes, testarudos y poco comprensivos. Limitar los elogios es la recomendación de todos los psicólogos.

4. Responsables e inteligentes

El contacto constante con los adultos les lleva a manejarse bien en el mundo de los mayores. Son maduros para su edad, se expresan muy bien y suelen ser buenos alumnos.

El riesgo: pueden comportarse con soberbia y encajar mal el fracaso. En el colegio, la buena relación que suelen mantener con el profesor les puede alejar de los compañeros y ahondar su sentimiento de solitario incomprendido.

5. Prudentes

Durante los primeros meses de vida, la madre siente un fuerte apego hacia su bebé. Si no nacen más hermanos, este vínculo permanece invariable a lo largo de la infancia. Con frecuencia, los padres temen con mayor intensidad que a su hijo le pase algo, lo que le suele convertir en un ser prudente, que evita los riesgos incontrolados. 

El riesgo: sin darse cuenta y tal vez por un "exceso" de cariño, los padres pueden poner trabas a su autonomía por temor a que se aleje de ellos y de la protección que ejercen

 

Magda Campos




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