El método Montessori y los periodos sensibles

Ofrécele lo que necesita su desarrollo cerebral

Gracias a una atenta observación del niño en desarrollo, la genial pedagoga María Montessori pudo definir periodos en los cuales los niños son especialmente receptivos hacia el aprendizaje de ciertas actividades. En esos momentos de extrema sensibilidad los asimilan de forma muy rápida, alegre y duradera. 

 
Los períodos sensibles

Todos sabemos que los niños pequeños se interesan por la misma cosa a edades muy similares. Lo que es menos conocido es que el súbito interés que muestran por una actividad determinada es producto de su desarrollo cerebral que les dota de capacidades de aprendizaje especiales en estos precisos momentos. Tras estos picos de máxima sensibilidad, su interés decae y su capacidad de asimilación también.

Casi un siglo después de los trabajos de la Dra. Montessori, sabemos que los periodos sensibles corresponden a etapas del cableado neuronal del cerebro.

El bebé humano nace muy inmaduro pero con un potencial de aprendizaje único entre los seres vivos. Su cerebro contiene millones de neuronas. A pesar de ello, es poco eficaz para afrontar las necesidades de la vida extrauterina porque esas neuronas están escasamente unidas entre sí. Para ello, falta la estimulación del entorno en el que va a vivir. En realidad, esta inmadurez es una gran ventaja porque le dota de un mayor potencial adaptativo.

Hasta los 3 años, sus neuronas no solamente se van multiplicando como en ningún otro momento de la vida. También se van conectando entre sí formando una densa red por donde pasan los impulsos nerviosos. El cableado inespecífico entre neuronas implica que el cerebro en desarrollo sea extraordinariamente plástico y moldeable. Por eso, la capacidad de aprendizaje y creatividad de los niños es tan llamativa.

Estimuladas por el ambiente, muchas conexiones resultarán útiles pero otras no y en ese caso, desaparecerán. A medida que pasan los años, el número de neuronas disminuirá y el cerebro irá perdiendo flexibilidad y plasticidad para ganar en especialización y potencia. Las conexiones útiles se reforzarán, el cableado ganará en eficacia pero perderá en capacidad de aprendizaje. El desarrollo cerebral explica la importancia para su futura capacidad de aprendizaje de los primeros años de vida del niño.

Cómo identificar los periodos sensibles

Tú que pasas largas horas con tu pequeño, te habrás sorprendido de lo obsesivo que puede mostrarse repitiendo una y otra vez la misma tarea. Hacia los 9 meses, querrá que le lleves caminando por toda la casa, con sus manitas en las tuyas. Luego, sólo deseará subir y bajar las escaleras. En torno a los 3 años se interesará por las letras e intentará copiarlas y escribir su nombre.

Los periodos sensibles son como ventanas que se van abriendo poco a poco, alcanzan picos de máxima intensidad para iniciar una curva decreciente. En los puntos álgidos, el niño es activado por una fuerza interior que le lleva a buscar las actividades más apropiadas al desarrollo de las habilidades por las que está programado genéticamente. Para ello, necesita un ambiente que le estimule. Aprende con facilidad, sin esfuerzo y con alegría. Pasados estos picos, la fuerza y el interés decrecen y aprenderá con más dificultad, le costará más tiempo y con un mayor esfuerzo de concentración.

Estos periodos sensibles son oportunidades de aprendizaje que conviene aprovechar. Hacen al niño más apto para aprender que en cualquier otra etapa de la vida.  El método Montessori se estructura de acuerdo a ellos y en dos aspectos fundamentales. Por una parte, se respeta la libertad del niño. Él elige la actividad pedagógica que en este momento le interesa. Además, la realizará a su ritmo y movido por esa fuerza interior que le anima.

Los 4 principales periodos sensibles del niño

Desde el nacimiento hasta los 6 años, el método Montessori identifica 4 períodos  de máxima sensibles para ciertos aprendizajes. Son los siguientes:

  • 2 años: el lenguaje. Esta etapa se inicia en el embarazo y prosigue tras el nacimiento. Antes de emitir sus primeros sonidos, el bebé observa y se familiariza con su lengua materna. Esta etapa de observación le lleva luego a formular sonidos, palabras y frases con sentido y gramaticalmente correctas. Entre 3 años y medio y 4 años y medio, el niño empieza a querer escribir su nombre y el de toda la familia. En torno a los 5 años, se da la etapa de la descodificación de palabras y la lectura.
  • 2 años: el orden. Le observarás poner sus peluches en escrito orden de desfile, enfadarse porque la cuchara no está recta o protestar porque le cambias sus costumbres. El orden le da confianza y seguridad. Hace que su entorno sea previsible. La relación entre objetos le llevará a desarrollar una mente matemática. En torno a los 3 años, estará preparado para aprender a contar.
  • 2 a 4 años: los sentidos. Aprenderá a identificar y nombrar colores, discriminar formas, reproducir una melodía, reconocer un objeto por su forma, apreciar su peso y su volumen, etc. Los sentidos le proporcionan información para afinar su pensamiento.
  • 2,5 a 4 años: el movimiento. Le verás repetir mil veces el mismo movimiento hasta conseguir controlarlo. Se interesará por las pelotas, montará en bici, usará las tijeras, etc. El movimiento es un factor esencial en el desarrollo de la inteligencia y la autonomía.

El método Montessori insiste en la importancia de aprovechar al máximo estos periodos sensibles poniendo a su alcance las actividades que ellos mismos buscan. No se trata de estimularles ni de imponerles tareas sino de observar en qué momento están y qué habilidades necesitan, respetando siempre su ritmo. Ellos son los que nos guían.

¿Qué podemos hacer los padres?

En primer lugar, conviene observar al niño para identificar en qué periodo sensible se encuentra. Él nos indicará el camino a seguir.

Ese camino consiste en ofrecerle un ambiente favorable a su desarrollo cerebral. Si encuentra obstáculos, se frena. Con frecuencia, los adultos frenamos sus naturales impulsos:

  • Porque no cuadran con lo que nos conviene. Mantener a un bebé largos periodos atado a su silla limita su necesidad de movimiento. Es negativo para su desarrollo.
  • Impedimos que actúe en libertad, de acuerdo con sus necesidades internas inconscientes. Fomenta su autonomía y responde afirmativamente cuando te dice “Yo solito”. 
  • No ponemos a su alcance experiencias que le brinden oportunidades de desarrollo. Olvídate de la tablet o la televisión y fomenta el contacto con otros niños, proponiéndole actividades que correspondan a sus períodos sensibles. 
 

Victoria Gómez