¿Los niños deberían elegir su ropa?

Límites claros

El momento de vestir a un niño pequeño puede llegar a ser crítico, sobre todo cuando uno tiene prisa. Aquí van algunos consejos que ayudarán a elegir su ropa con criterio y gestionar su testarudez si se presenta.

 
¿Los niños deberían elegir su ropa?

Con la llegada de las vacaciones, los uniformes del colegio han desaparecido en el fondo del armario. ¡Bien! Ahora los niños pueden lucir prendas que nos gustan a todos. Pero elegir lo que uno quiere puede llevar a situaciones bastante complicadas. Con mano izquierda, resolveremos hasta las más conflictivas.

Un armario bien pensado

Esta es la primera de las sugerencias porque si las prendas tienen bonitos diseños, son fáciles de poner, cómodas, de colores alegres y telas suaves, resultará más complicado rechazarlas. A partir de los 4 años, los niños forman su identidad de género. No te sorprendas si tu hija sólo quiere llevar vestidos para niñas muy femeninos. En torno a los 6-7 años, querrá vestirse a su antojo y le gustará las prendas de moda y las que visten sus amigas.

Nos encontramos en una temporada ideal para complacerlas, el verano. Para el día a día de las más pequeñas, vestidos de algodón de manga corta, estampados de flores o similar; para las celebraciones que abundan en verano, la moda nos propone vestidos muy atractivos con telas de encaje, estampados multicolores o rayas marineras. A las niñas mayores, les gustarán los vestidos serigrafiados. Para los días especiales, las prendas que llevan las mayores: vestidos de niñas para fiestas con abalorios bordados, gasas o lentejuelas.

Los niños ponen por delante su confort pero también quieren imponer sus gustos y no querrán quitarse el bañador por poco que sea bermuda, las camisetas estilo baloncesto, los pantalones cortos de algodón y los vaqueros.

¿Qué hacemos con sus caprichos?

Una vez puesto su armario a punto, queda gestionar sus caprichos. Veamos algunas estrategias que suelen funcionar cuando el niño se pone muy rebelde:

1. No quiere vestirse. A partir de los 4 años, un niño puede perfectamente manejarse solito para ponerse la mayoría de las prendas, sobre todo si son de verano. Es cuestión de darle tiempo e insistir. Si le has dado lo uno y lo otro y sigue en pijama, no caigas en la tentación de vestirle. Sin enfadarte pero con firmeza, haz que asuma las consecuencias de su conducta. Si no se viste no puede ir al parque, a la playa, a casa de los abuelos… ¿Se resiste todavía? Haz ademán de llevarle en pijama a la calle y seguro que cambia de opinión.

2. Siempre la misma ropa. Algunos niños pasan por etapas en las que sólo quieren llevar una misma prenda: las bailarinas de purpurina, el chandal azul… Las manías de los niños suelen pasar por sí solas pero mientras estén de actualidad, mejor que enfrentarse, conviene abrir una negociación: si vamos al cine, no al chandal pero vale para ir al parque. Con frecuencia, los niños se muestran más flexibles cuando se les da varias opciones. Un oportuno “Elige entre estas tres prendas” te lleva a tu objetivo mejor que un taxativo “Ponte este vestido”.

3. Como los amigos. A partir de los 8 años, niños y niñas buscan la identificación con los amigos. Con frecuencia, la opinión del grupo cuenta más que la de sus padres. Si les obligamos a llevar una prenda que no corresponde a sus códigos, les forzamos a contravenir “las normas” del grupo. Eso no es una justificación para que siempre vistan como quieran pero sí entender su punto de vista y no obligarles a llevar algo concreto que claramente rechazan. A esta edad y por el mismo motivo, surge el tema de las marcas. Si el niño sólo quiere ropa de marca, debemos mantenernos firmes y buscar terrenos de encuentro. Los niños son mucho más comprensivos de lo que uno imagina cuando se les explica la situación sin dramatismo, con serenidad y comprensión. 

 

Victoria Gómez