Gatear es bueno para el desarrollo y la inteligencia del bebé

Autonomía a cuatro patas

Aprender a gatear o a trepar hasta ponerse de pie y andar requiere el desarrollo de una serie de habilidades que suponen para el bebé el reto de aprender a dominar su cuerpo, conocer su entorno y desarrollar su inteligencia. No le prives de este placer y tírate al suelo a disfrutar con él.

 
 

Cómo aprende el bebé a caminar

Las etapas por las que pasa el bebé hasta que empieza a caminar. Cómo y cuándo dará sus primeros pasos.Fragmento del DVD "Paso a paso" de la colección "Bienvenido a la vida".

Más gatea, mejor para él

Muchos profesionales consideran el gateo como una etapa específica del desarrollo motor del bebé por la que deberían pasar todos los niños si se evitasen los corralitos, la estimulación forzada y precoz del andar y, sobre todo, si a los bebés se les diera la oportunidad de jugar el tiempo suficiente en el suelo.

El gateo ayuda a madurar adecuadamente el tono muscular de abdominales, lumbares, glúteos y cuadriceps, entre otros. Por lo tanto, debes proporcionar a tu hijo un espacio adecuado y ropa cómoda para que descubra por sí mismo, cuando lo necesite, cómo sentarse, cómo gatear y cómo ponerse de pie. Hay que favorecer que se mueva, pero sin adelantarte a sus posibilidades, forzándole a posturas que no haya alcanzado por sí mismo.

El bebé que ha gateado aprenderá de forma natural a sentarse sólo y a volver al suelo y reptar cuando lo desee. A los 5 meses no necesitaba la postura de sentado para explorar su entorno; ahora que gatea sí, porque debe ampliar sus habilidades de manipulación dado que estará interesado en algo más que chupar cosas, su pasión será ahora: meter, sacar, abrir o cerrar.

Bueno para su inteligencia

El reptado y el gateo le permiten desplazarse a su antojo experimentando nuevas texturas –parquet, terrazo, moqueta–, nuevos objetos –cajones y puertas– y puntos de vista diferentes –por ejemplo, la mesa del comedor desde abajo–. Moviendose, obtendrá nueva información que captará con todos sus sentidos –no sólo con la vista– y eso consolidará las bases que le permitirán después manejar el espacio mentalmente cuando tenga que resolver rompecabezas o identificar por ejemplo, la dirección en la que se trazan las letras. Esta libertad de movimientos despertará su inteligencia, dado que le proporcionará los primeros problemas a solucionar: cómo hacer para pasar entre la silla y la pata de la mesa del comedor, cómo trepar hasta el sillón o cómo liberar el pie.

El gateador se protege mejor

Además de ayudar en la maduración del tono muscular, el gateo permite al niño entrenar los reflejos de caída que le librarán de muchos chichones y brechas cuando comience a andar. Una vez que su cerebro haya aprendido la mecánica del gateo, deberá responder rápido ante situaciones nuevas e inesperadas –como hacer zig-zag por debajo de las sillas del comedor sin golpearse ni quedar atrapado–. El control del gateo que, en un principio requería de toda la atención del niño, pasará a través de la práctica, a un control más automático. De este modo, liberará recursos para que su cerebro pueda prestar atención a otros estímulos –por ejemplo, estar pendiente de lo que hagan otros niños, buscar un juguete o reaccionar de forma rápida para evitar un golpe–. Los errores que cometa se traducirán en sustos o caídas que ayudarán a ajustar los movimientos de forma más precisa en el futuro. Las caídas, por lo tanto, son necesarias. No podemos evitarlas, pero sí favorecer que gane esa experiencia durante la etapa de gateo. A tan sólo 30 centímetros del suelo no le causarán grandes problemas y le ayudarán a evitar otras más peligrosas cuando empiece a andar. Los niños que han sido gateadores experimentados cuando tropiezan al andar, rara vez se golpean gravemente, han aprendido a girar para caer de culete, a poner las manos o a rodar para salvar la cabeza.

El precio de la autonomía

Con el gateo, el bebé conquistará la independencia física de mamá –quien tendrá que hacerse con un kit de protección para la casa– y comenzará a sentirse libre emocionalmente. Ya no necesitará siempre que le alcances las cosas que desea investigar. Te dará algo más de trabajo, pero fomentarás un bebé más autónomo, más activo y con mayor iniciativa. Nada que ver con otro bebé de la misma edad, sentado todo el día en su sillita o limitado por el corralito, que desarrolla su inteligencia centrado en aprender cómo conseguir que mamá le traiga el juguete que quiere. Eso sí, la independencia requiere limitar el radio de acción del gateador a una zona amplia fuera de peligros. Basta con una barrera de madera en la puerta de un cuarto seguro o bloqueando el pasillo para sus juegos.

Asesoramiento: Isabel Orjales, psicopedagoga.