Juegos para enseñar al bebé a nadar

Disfrutará en el agua

Los bebés lo pasan en grande en el agua. Basta con introducirles en el agua del baño para que empiecen a chapotear y reírse. Pero el agua no es un medio seguro para él. Lo mejor es que le enseñes a defenderse en una piscina con estos sencillos ejercicios.

 

 

 

Natación para bebés

Si tu bebé tiene menos de 6 meses, el agua debe estar a 33º (también en la piscina). A partir de esa edad suelen tolerar temperaturas más bajas. Ya solo te falta ponerle un bonito bañador y practicar estos ejercicios.

En la bañera
Es su primer contacto con el agua. En la bañera, tu hijo puede ir aprendiendo cómo flotar de espaldas con toda seguridad. Para ello, métete en el agua con él. Túmbale en la superficie del agua, su cabeza hacia tu pecho. No le sujetes por el cuello ni la espalda, sólo por la cabeza, y asegurándote de que las orejas están sumergidas. Sin soltarle la cabeza, empújalo hacia delante y hacia atrás mientras siente cómo flota.

De visita a la piscina
Para evitar que tu hijo se inquiete los primeros días de piscina, métele al agua poco a poco, agarrándole bien y susurrándole palabras tranquilizadoras. Cuando pierda el miedo inicial, colócale boca abajo -su cabeza hacia tu pecho- y agárrale con tus manos a la altura de los hombros. Deja que estire las piernas y empiece a patalear. Después, prueba a balancearle hacia delante y hacia atrás, como si estuviese nadando; y coloca un juguete cerca para que se estire al cogerlo. ¡Pero sin soltarle! Y aprovecha para seguir practicando la técnica para flotar de espaldas que ya aprendió en la bañera.

¡Qué salpico!
Mételo en el agua, levántalo y vuelve a zambullirle mientras le dices: “a ver cómo salpicas”. Seguro que en unos días te sorprendes al ver cómo patalea para levantar más agua con la zambullida.

Girando
Enseñar al bebé a darse la vuelta en el agua y agarrarse al bordillo es muy importante. Colócale boca abajo, cerca del bordillo, mientras tú le agarras por la cintura. Acércale poco a poco para que aprenda a agarrarse. Después, sepárale y haz que gire 180º hasta que quede de espaldas al bordillo mientras le dices “y ahora nos damos la vuelta”. A continuación, dile “nos damos la vuelta otra vez y nos agarramos”. A medida que vaya cogiendo fuerza, intentará girar sobre sí mismo solo y se agarrará con más intensidad.

Objetivo bucear
Les divierte e inquieta a partes iguales. La sensación de sentirse totalmente sumergido en el agua, sin poder respirar puede ponerles nervioso, pero cuando aprenda no querrá hacer otra cosa. Balancéalo mientras le echas agua poco a poco por la cabeza. Después, colocados frente a frente, agárrale por los brazos manteniendo los tuyos encogidos. Estira los brazos y, cuando los encojas de nuevo, sumérgele del todo en el agua, al menos a 15 centímetros de profundida. Acompaña los movimientos con indicaciones habladas: “uno, dos y ¡tres!”, “preparado, listo, ¡ya!” o “nos estiramos y… ¡abajo!” Cuando vaya controlando esta destreza, puedes soltarle debajo del agua para que ascienda a la superficia él solo de nuevo, pero ve avanzando en el ejercicio poco a poco.

Tirarse al agua
Conseguir que tu hijo se tire solito al agua no te costará demasiado. Una vez haya adquirido la confianza suficiente y sepa que tú vas a sujetarle cuando caiga, estará encantado de lanzarse. Si es un bebé, lo practicarás sentándole en el bordillo y tirando de él suavemente hacia el agua. Debes dejar que bucee un instante y sacarle del agua. A medida que vaya creciendo, tiene que aprender a tirarse solo.

También puedes practicar una zambullida mayor. Estando dentro del agua con tu pequeño, sujétale por los brazos y las piernas a unos 15 centimetros del agua, en posición casi perpendicular sobre ella. Dile: “¡a zambullirse!” mientras le sumerges en el agua con un movimiento rápido y decidido. Casi sin darte cuenta le estarás enseñando a tirarse de cabeza como un auténtico profesional.

 

Laura Jiménez




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