Tu bebé llora con los desconocidos

La crisis del octavo mes

Hasta los 8 meses, el bebé suele mostrar miedo a los extraños. ¿Por qué ocurre a esta edad? ¿Se puede evitar?

 
lloros

El miedo a los extraños a partir de los 8 meses es un fenómeno tan universal que aparece en todas las culturas, aunque sean de costumbres muy diferentes a las nuestras. A esta edad, además de asustarse con las personas que no conoce, el bebé tiene “mamitis” y se muestra mucho más desconfiado de lo habitual.
Ahora ya no recibe con sonrisas a los “nuevos”. Es más, mostrará su desagrado. Y las manifestaciones de ese disgusto ya son muy variopintas, dependiendo del temperamento de la criatura: los habrá que sólo aparten la mirada, refugiándose en el hombro de mamá que les sostiene en brazos, o que se tapen los ojos de forma ostensible. Pero también los habrá más explícitos, que lloren, chillen o se tiren al suelo, dejando clarísimo que el “intruso” no es en absoluto de su agrado.

Cómo ayudarle

  • Muéstrate serena, no le fuerces a aceptar al extraño, pero tampoco le evites.
  • Si tiene miedo, aléjale suavemente del adulto para que poco a poco se vaya acostumbrando. Admiten mejor una aproximación paulatina y sin contacto físico que la clásica “invasión” de quien se les echa encima y pretende cogerle y comérselo a besos.
  • Ten especial cuidado si estáis en un lugar no familiar para él. Si está en presencia de un extraño que aparece en “terreno conocido” (en casa), y con mamá delante, la cosa es mucho más llevadera que, por ejemplo, en casa de los tíos cuando mamá ha salido.
  • Procura que otras personas cojan a tu bebé de pocos meses o se queden a ratos con él. Le estarás preparando para la crisis de los 8 meses.

¿Por qué ocurre?

Ya desde los cinco meses discrimina bien a sus padres y cuidadores, pero no se siente necesariamente mal si no está con ellos. El funcionamiento es algo así como “ojos que no ven…”. Pero hacia los ocho meses, comienza a necesitar sentirse seguro. Y eso sólo ocurre con los más cercanos a él, especialmente papá y mamá. Por eso llora cuando se van, o cuando aparece algún extraño que no está en su “catálogo de gente de fiar”. Esta conducta se irá incrementando paulatinamente hasta los doce o dieciocho meses. A partir de ese momento, empieza a remitir de forma espontánea, hasta desaparecer por completo antes de los tres años, momento de enseñarle que tampoco debe fiarse de cualquiera.

 

Belén Marina




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