Nacer con orejas de soplillo

¿Se puede remediar?

¿Tu bebé ha nacido con las orejas despegadas? Se trata de una peculiaridad muy 'común’ que sólo tiene consecuencias estéticas. Algunos niños viven que ellas sin apenas enterarse; para otros, es un problema. En este caso, puedes recurrir a las nuevas prótesis adhesivas de silicona o corregirlas quirúrgicamente. Si esta es vuestra opción, elige bien el momento para que la operación sea un éxito.

 
Bebé con orejas despegadas

Las “orejas de soplillo” son la malformación congénita de la cabeza más frecuente. De hecho, se estima que uno de cada treinta bebés nace con las orejas más despegadas de lo que se considera normal. 

Según los expertos, las orejas son de soplillo cuando el tamaño, forma o posición son desproporcionados en relación con otros rasgos de la cara. Y más concretamente, una oreja despegada es aquella en la que la parte superior lateral tiene una separación de más de dos centímetros de la cabeza.

Una nueva y exitosa prótesis

Se acabaron las cintas y los esparadrapos. El grupo de investigación de Adhesión y Adhesivos de la Universidad de Alicante, dirigido por José Miguel Martín Martínez junto con la empresa extremeña DisRas S.L han desarrollado una prótesis de silicona transparente y prácticamente invisible, que se coloca en la parte superior de la oreja, fijándose a través de adhesivos a la cabeza y a la oreja. Este pequeño artilugio fácil de colocar y que se debe reponer cada 15 días, está teniendo gran éxito tanto entre los adultos como los padres de niños que tienen este pequeño problema estético. Tanto es así que los investigadores están trabajando en una versión para que los bebés la puedan llevar desde los primeros meses. Los creadores de la prótesis afirman que si el niño las lleva desde pequeño, las orejas de soplillo se van corrigiendo de forma visible.

La operación

La intervención quirúrgica, llamada otoplastia es la única solución definitiva. En aquellos casos en los que la vida escolar, social y emocional del niño se vea afectada por esa malformación congénita, si suscita burlas entre sus amigos y complejos en sí mismo, quizás sus padres deberían plantearse la conveniencia de recurrir al tratamiento quirúrgico.

Pero el requisito fundamental para realizar la otoplastia es que el pequeño haya cumplido los seis o siete años, cuando la oreja ya ha adquirido la forma definitiva que tendrá en la edad adulta. Se trata de una intervención sencilla, que se lleva a cabo con diferentes técnicas y que ofrece resultados definitivos. Dependiendo de la edad del niño, se utiliza anestesia general –los menores de 10 años– o local. En unos días, el pequeño podrá hacer vida normal.

 

Gema Martín




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