La obstrucción del lagrimal en bebés

Siempre tiene lágrimas

Algunos bebés tienen sus ojos constantemente humedecidos. No se trata de una irritación ni de una conjuntivitis sino de una obstrucción del lagrimas que se resuelve sola en la mayoría de los casos.

 
Obstrucción del lagrimal

Las lágrimas actúan como lubricante que mantiene los ojos húmedos y limpios, por lo que se renuevan constantemente. Una vez cumplida esta función, se desplazan hacia las fosas nasales a través de los conductos lagrimales, donde son eliminadas. Pero en 6 de cada 100 recién nacidos este proceso se ve interrumpido en el último paso por culpa de una obstrucción lagrimal, un trastorno que puede afectar a un ojo o a ambos.

Por qué ocurre

La vía lagrimal es un conducto muy fino que va desde el lagrimal hasta la nariz y sirve para evacuar la lágrima que sobra. Durante el desarrollo del feto, este canal está cerrado en su desembocadura por una fina membrana. Al nacer, la membrana se rompe sola, permitiendo el paso de las lágrimas. Cuando no se rompe se produce la obstrucción. El 80% de los casos se cura espontáneamente antes de que el bebé cumpla su primer año, pero en el 20% restante es necesario pautar un tratamiento.

Cómo se diagnostica

Como los bebés no producen lágrimas hasta que tienen varias semanas de vida, es posible que la obstrucción no se descubra pronto. Para confirmarlo, el oftalmólogo echará en los ojos del bebé unas gotas de un colirio de color naranja que se vuelve fluorescente con la luz ultravioleta. Así comprobará el volumen de agua que se mantiene y el tiempo que transcurre hasta la absorción total de las lágrimas. La obstrucción debe tratarse porque la lágrima y las obstrucciones estancadas en el canal pueden infectarse y originar conjuntivitis de repetición.

El tratamiento

El tratamiento más extendido y popular para liberar un lagrimal obstruido es masajear el conducto nasolagrimal del bebé tres o cuatro veces al día, haciendo círculos con el dedo y tirando hacia la ojera. Algunos oftalmólogos consideran que esta maniobra facilita la apertura de la membrana en obstrucciones leves. Antes de realizar el masaje hay que retirar las secreciones que rebosan con una gasa estéril y después presionar con el dedo índice arriba y abajo para que la lágrima sobrante pueda drenar hacia el exterior o hacia las fosas nasales.

En el caso de obstrucciones más severas, es posible agrandar el orificio del conducto con una sonda metálica muy fina que rompe la membrana que obstruye el paso de las lágrimas. Si el niño tiene entre cuatro y seis meses suele hacerse con anestesia local mediante gotas oftálmicas. Por encima de los seis meses, se suele dormir al niño con una mascarilla de gas anestésico, durante unos segundos para garantizar la total inmovilidad durante el procedimiento. Si una semana después del sondaje no hay lagrimeo ni secreciones, se considera que el niño está curado.

Si el primer sondaje falla, puede repetirse hasta tres veces. Si el intento vuelve a fallar, el siguiente paso es colocar un tutor –un tubo diminuto– de silicona para evitar que la membrana se vuelva a cerrar, procedimiento que ya requiere anestesia general. En tutor se deja en el lagrimal un mínimo de un mes y obtiene buenos resultados en el 80% de los casos. Cuando no se logra liberar el conducto, la solución es la cirugía que abre una vía de comunicación directa entre el saco lagrimal y la fosa nasal a través del hueso que los separa. Soluciona el problema en el 92% de lo casos.

Asesoramiento: Jorge Fernández de Castro, del Instituto Oftalmológico del Hospital Gregorio Marañón en Madrid.

 

Victoria Gómez