El desarrollo de la inteligencia del bebé

Así evoluciona paso a paso

Curioso, creativo, intuitivo, con una imaginación desbordante y una lógica que jamás tuvo Descartes. Así será tu bebé durante sus tres primeros años de vida, el periodo en el que sus capacidades cognitivas experimentan el máximo desarrollo. Rodearle de un entorno con mucho amor y estímulos ayudará a potenciarlas.  

 
Bebé inteligente

Los niños nos sorprenden cada día con su curiosidad, sus preguntas, su manera de razonar, su capacidad de observación y su extraordinaria memoria. Y es que los bebés vienen al mundo con sus neuronas dispuestas a aprovechar todo el conocimiento posible. Sus cerebros son esponjas muy plásticas que tienen la capacidad de modificar su estructura orgánica en respuesta a las experiencias adquiridas. Y es sobre todo en los tres primeros años de vida cuando esa capacidad para absorber datos del exterior y crear nuevas conexiones neuronales y moldear las áreas cerebrales está en su máximo apogeo.

Genética y algo más

Esta moldeabilidad de los primeros años de vida hace que sea tan importante que el niño crezca en un ambiente que estimule esas aptitudes cognitivas. Por supuesto, la herencia genética también tiene mucho que ver con estas capacidades (unos niños son más creativos, otros más observadores…) pero el hecho de que estas se desarrollen más o menos depende del entorno en que crezcan. De hecho, la mitad de los pequeños tienen unas funciones cerebrales menores de las que deberían según sus antecedentes familiares.

Por eso es importante facilitarle nuevas experiencias que le ayuden a crecer intelectualmente, pero sin forzarle a aprender habilidades para las que aún no está maduro o atosigarle con actividades que sirvan para aumentar su inteligencia, algo que ni siquiera está demostrado. Un niño sobreestimulado no es más listo; sólo está más estimulado y, posiblemente, más cansado. Además, tanto trabajo puede tener un efecto contrario: el pequeño se estresa, pierde la motivación y se altera su capacidad de aprendizaje.  

Su inteligencia, paso a paso

La inteligencia es, en gran medida, producto de la formación de conexiones neuronales. Los bebés ya nacen con algunas, pero después, a partir de las experiencias recibidas, van constituyendo nuevas redes que hacer crecer su cerebro y capacidad intelectual. Y lo hacen en poco tiempo: se estima que a los dos años de edad el 90% del cerebro ya está formado, y que a los seis, ya ha adquirido el 80% de su capacidad intelectual.

Estas cifras son sólo estimaciones porque cada bebé es un mundo que evoluciona de forma única. Aún así, es posible encontrar en el desarrollo de su inteligencia algunas etapas que se producen a edades similares. En los dos primeros años de vida tiene lugar:

- La etapa de los sentidos. Es el primer periodo, conocido como “sensoriomotor” y que se desarrolla desde el nacimiento hasta los dos años. En él, tu bebé usa  la vista, el olfato, el oído, el tacto y el gusto para conocer el mundo. Al principio de esta etapa, lo que no captan sus sentidos, no existe, pero al final de ella ya es consciente de la permanencia de los objetos aunque no los “siente”, y logra otras conquistas: conoce los colores básicos, tiene un vocabulario de 300 palabras e imita acciones simples.

- La etapa simbólica. Transcurre entre los dos y los cuatro años, dentro del llamado “periodo preoperatorio”, que llega hasta los seis. Pero nosotros nos vamos a detener en esa función simbólica, que es importante para la inteligencia del bebé y que consiste en “jugar a...”, y dar a las cosas significados propios: por ejemplo, un pequeñín de 30 meses, una caja es una casa o un coche. En esta etapa, los niños son muy curiosos –preguntan constantemente “por qué”–, pero perceptivos –sólo piensan sobre lo que captan sus sentidos– y egocéntricos –únicamente se plantean las cosas en relación a sí mismos–. Pero esas pequeñas limitaciones de su mente las suplen con una gran imaginación y un impresionante avance en el lenguaje, tanto que a los tres años tienen un vocabulario de 1000 palabras y son capaces de mantener una conversación sencilla.

 

Gema Martín