Cómo evitar la deshidratación en bebés

Presta atención a los síntomas

El mejor tratamiento para la deshidratación es la prevención. Ante el exceso de calor, la diarrea o los vómitos, sé precavida y da de beber a tu bebé.

 

Más riesgo en los bebés

La razón fundamental de que la deshidratación sea un problema común en los bebés es la inmadurez de su sistema renal, que tiene poca capacidad de concentración de la orina, por lo que hace pis con más frecuencia y en mayor cantidad. Y, además, no le resulta fácil mantener esa alta proporción de agua en su organismo, que en los niños mayores y en los adultos representa ya el 60 por ciento de su masa corporal.

Los problemas gastrointestinales –sobre todo las diarrea y los vómitos– son las principales causas de deshidratación, pero no son las únicas. Por ejemplo, en verano hay que estar especialmente atentos al exceso de calor, que provoca sudor y pérdidas de agua.

Y no se puede olvidar un problema que hace 30 años era muy habitual, pero que afortunadamente ya no lo es: la preparación incorrecta de los biberones. Si se añaden más cacitos de leche en polvo de los que recomienda el prospecto del producto o de los prescritos por el pediatra, la proporción entre el aporte de líquido y las sales minerales será inadecuada para el frágil organismo del bebé.

¿Tiene deshidratación?

El síntoma más claro de deshidratación es la sequedad de la boca. Pero como en un niño de pocos meses esto es muy difícil de detectar, es preciso estar atenta a otros signos como el decaimiento, ausencia de lágrimas al llorar o hundimiento de los ojos.

La pérdida de peso es otro síntoma que el médico tendrá en cuenta para diagnosticar una deshidratación. Así, un lactante que ha perdido el 5 por ciento de su peso corporal tiene una deshidratación leve; si está entre el 5 y 10 por ciento, es moderada y si es más del 10 por ciento, grave. Cuando la pérdida de líquidos es severa, el pediatra recomendará suero oral, rico en sales minerales y agua para comenzar la rehidratación. La inmensa mayoría de los casos de deshidratación que llegan a las consultas médicas son leves.

Motivos para estar muy atento

El organismo de un recién nacido está formado por agua. Tanto que representa hasta el 80 por ciento de su peso corporal. Es, por tanto, un líquido precioso para el bebé, que tiene que guardar un equilibrio con el resto de elementos de su cuerpo. Y cuando ese equilibrio se rompe, se produce la deshidratación. Los expertos dicen que el mejor tratamiento es la prevención: dar el bebé la suficiente cantidad de líquidos, evitar exponerle a un excesivo calor y acudir al pediatra si el bebé, por algún problema de salud, pierde más agua de lo normal.

Si tu bebé tiene o ha tenido recientemente diarrea o vómitos, está claro que necesita más aporte de líquidos. Por eso, ante una pérdida excesiva de agua causada por problemas gastrointestinales o por un aumento de la sudoración, debes incrementar la ingesta de líquidos.

Es recomendable hacerlo, incluso, en aquellos bebés que aún toman leche materna; una leche que, en situaciones normales, contiene la suficiente cantidad de agua para satisfacer las necesidades del pequeño.

Recuerda que no debes forzarle a tomarla; limítate a ofrecérsela: si él tiene sed, la beberá. En verano, la prevención debe ir más allá: además de aumentar el aporte de líquidos, evita la exposición prolongada al sol, no permanezcas con tu bebé en el exterior en las horas centrales del día y procura no someterle a cambios bruscos de temperatura, que aumentan la sudoración.

Asesoramiento: Dr. Marciano Sánchez-Bayle, jefe de la Sección de Lactantes del hospital Infantil Niño Jesús, de Madrid.

 

Gema Martín




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