La fuerza del instinto maternal

La hormona del amor lo favorece

¿De dónde proviene un sentimiento tan fuerte como el instinto maternal? ¿Cuándo surge? ¿es igual o más intenso que el instinto paternal? Descubre todas las claves de un vínculo que os unirá para siempre.

 
Madre besando la frente del bebé

Según un reciente estudio británico, el instinto maternal depende de un gen hereditario que, sin embargo, necesita de ciertas vivencias para poder activarse. Esto explica porqué no todos los individuos de la misma especie lo desarrollan por igual e incluso porqué se siguen produciendo en el mundo abandonos de hijos por parte de sus madres. Haber tenido un embarazo placentero, contar con el apoyo de la familia, haber deseado ese hijo... son algunas experiencias que ayudan a que el instinto maternal se desarrolle.

La hormona del amor

Durante el parto, y más concretamente después de este, tiene lugar uno de los mayores picos de secreción de la llamada “hormona del amor”. Con este poético apodo se refieren algunos autores a la oxitocina –hormona segregada durante y después del parto, encargada entre otras cosas de favorecer las  contracciones del útero–. Explican así cómo los cambios hormonales que se suceden tras el alumbramiento favorecen la aparición de conductas maternales de apego y atención hacia el hijo, y cómo estas conductas continúan favoreciéndose durante la lactancia materna gracias a la estimulación del pezón, que libera a su vez más cantidad de oxitocina. 

Las caricias ayudan a crear afecto

Pese a todo, puede que, durante los primeros días, te encuentres algo desilusionada con tu nuevo estatus de joven madre. Tranquila. El cansancio y las incomodidades del posparto, unidos al hecho de haber idealizado la situación un poco más de la cuenta, pueden retrasar un poco lo que llegará sin duda. Algunos expertos aseguran que establecer el vínculo afectivo puede llevar su tiempo. Será tu hijo quien poco a poco vaya “sacando” de ti ese amor tan especial, mostrándote lo a gustito que está cuando le brindas todo tu cariño. Ya en 1958, diversas investigaciones con animales y con niños demostraron que en el bebé, la necesidad de contacto y de cercanía física con la madre supera incluso su necesidad de alimento. De ahí que hoy en día se haga hincapié en la importancia de deshacerse en caricias, muecas, abrazos, palabras y sonrisas con el bebé. Solo así puede surgir lo que los expertos llaman apego seguro: un lazo afectivo fuerte y duradero que se establece entre el niño y la persona más cercana a él y que, no sólo facilita la supervivencia del pequeño, sino que sienta las bases de una buena salud emocional en la vida adulta.

Ha nacido un papá

¿Y qué lugar ocupa el padre en toda esta explosión de amor? Sin duda, uno diferente del de la madre, pero no por ello menos importante. De hecho, se ha demostrado que, aunque con ligeros matices, los niños muestran apego por ambos progenitores, y que aquellos que tienen una relación estrecha con su padre comienzan a protestar más tarde por la separación de la madre y lloran menos.

Sin embargo, a diferencia de la madre, para la formación del apego con el padre, es fundamental la cantidad de tiempo que este pasa cuidando al bebé. Al padre, la propia naturaleza no le brinda tantos puntos de contacto y de afinidad con el hijo como a la madre y por eso necesita algo más de preparación. Pero si ese hombre es alguien que ha vivido el amor en familia y que se implica en el cuidado del bebé, habrá muy poca diferencia y llegará a estar igual de entusiasmado que la mujer. Unos cuidados que deben comenzar ya desde el embarazo

Luna de miel con tu hijo

¿Creías que la luna de miel era sólo un tiempo de privacidad para una pareja de recién casados? Nada más lejos de la realidad. En muchas culturas, la tradición de gozar de una tranquila intimidad se aplica también a la madre y a su hijo en el posparto inmediato. Por ejemplo, en la tribu wayapo, de Brasil, una madre primeriza y su bebé pasan un ciclo lunar recluidos, para crear así un vínculo afectivo y aprender las formas y olores del otro. Y en la India, las madres primerizas son cuidadas en sus casas durante los primeros 22 días después del parto, con el fin de que ella se concentre sólo en alimentarle, sostenerle, acariciarle... y se fortalezca así su vínculo afectivo de forma natural.