Cómo y cuándo dar un masaje al bebé

Más que caricias

Sigue nuestros consejos y atrévete a darle un masaje. Pronto verás cómo tu bebé se relaja con el contacto de tus manos, te sonríe, se retuerce de placer. Tú disfrutarás y él se aprovechará de todos sus beneficios.

 

 

 

Masajes para bebés 2. Brazos y manos

Continuamos el masaje con las manos y los brazos. ¡Qué ralajado está!

 

Cuándo y cómo darle un masaje

Los masajes en los bebés se basan en las repeticiones lentas y suaves de cada ejercicio, debiendo aumentar la presión de forma gradual a lo largo del mismo. Lógicamente, deberás adaptar esa presión a la edad y musculatura de tu hijo a medida que vaya creciendo.

Podrás empezar a dar masajes cuando cumpla su primer mes de vida. Al principio, estos momentos de relax durarán pocos minutos. Irás alargándolos progresivamente, siempre pendiente de las sensaciones que tu pequeño experimente, hasta un máximo de 10 minutos. A partir de los 6 meses, el momento ideal será después del baño. Antes de esta edad se hará a la inversa: primero el masaje y después el baño. 

Los primeros días, los masajes deben aplicarse sólo en brazos y piernas, para añadir después el pecho, la cara y la espalda. Si tu bebé se queja y llora cuando le tocas la zona del abdomen, insiste suavemente, pues puede aliviar las molestias típicas de los cólicos. Es bueno establecer cierta rutina para que tu hijo sepa cuándo va a recibirlo.  

Los beneficios del masaje

  •  Irás fortaleciendo vuestro vínculo afectivo.
  • Hidratarás su piel.
  • Estimularás su sentido del tacto.
  • Ayudarás a tomar conciencia de los límites de su cuerpo.
  • Reforzarás su sistema inmunitario.
  • Algunas maniobras alivian ciertos trastornos como los cólicos, los gases o ayudan a expulsar flemas en caso de catarro.

Parece que no le gusta

Puede que tu bebé se muestre reacio al principio porque tus manos estén frías, se asuste o, simplemente, esté extrañado ante esa nueva situación. Tranquila. Como todo lo nuevo que vive, el masaje también requiere su tiempo.

Si ves que se pone nervioso, irritable o llora, déjalo. Repite la operación al día siguiente. Así, poco a poco, se irá acostumbrando a esas cosquillas que recorren su cuerpecito.
 
Es posible que, cuando empiece a andar, no quiera que le des masajes. Eso no significa que tus caricias hayan dejado de gustarle. Al contrario. Pero ahora sus pies le llevan a un montón de lugares recónditos, tiene muchas cosas que descubrir por sí solo… Cuando se haya acostumbrado a la novedad de caminar volverá a estar encantado con tus caricias.

Asesoramiento: Estela Pérez, fisioterapeuta del centro Valle 36, de Madrid.

 

Laura Jiménez




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