El destete, cuándo y cómo

Cuándo y cómo proceder

Tu hijo y tú sois los que debéis poneros de acuerdo sobre cuándo poner fin a la lactancia. Solo así, ambos podréis vivir el destete como un proceso natural y sin problemas.

 

En ocasiones, es el bebé quien toma la iniciativa… pero, en muchas otras, será la madre la que tendrá que fijar un día para iniciar el final de una etapa, la lactancia, que tantos beneficios ha aportado a ambos. De ahí, que encontrar ese día en el calendario pueda resultar a veces complicado. Quien ha amamantado sabe que dar el pecho es algo más que proporcionar alimento. Es el vínculo afectivo y esa forma especial de relacionarse con el bebé lo que más pesa en la despedida.

Hasta cuándo darle de mamar

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia exclusiva hasta los 6 meses de vida del bebé y, junto con la alimentación complementaria, hasta los 2 años. Por tanto, lo primero que has de tener claro es que el hecho de comenzar a diversificar la dieta a partir del medio año, no significa tener que poner fin a la lactancia, sino simplemente, empezar a compaginarla con l os nuevos alimentos. Sin embargo, según las estadísticas, menos del 30 por ciento de las madres consigue dar el pecho más allá del sexto mes. Errores en la técnica, introducción injustificada de biberones, interpretación incorrecta de comportamientos del bebé o desconocimiento de los métodos de extracción y almacenamiento de la leche están entre los problemas más frecuentes que provocan un destete precoz y, generalmente, indeseado por parte de la madre.

Y es que está comprobado que si dejáramos que el destete llegara de forma natural, no lo haría, generalmente, hasta pasado el año de vida. En este sentido, un estudio llevado a cabo por la OMS recogió datos de 1.743 niños de 6 países –Brasil, Ghana, India, Noruega, Oman y EE UU–, correspondientes a familias dispuestas a prolongar al máximo la lactancia y que recibieron apoyo profesional para solucionar cualquier dificultad que se presentara. El final del destete se produjo de forma mayoritaria entre los 12 y 24 meses en todos los países menos en Brasil. La investigación no registró los motivos que llevaron a interrumpir la lactancia, pero los coordinadores del proyecto comentaron de forma oficiosa que, en muchos casos, la interrupción fue decisión de los niños.

Destete lento y gradual

Así debería ser siempre el destete: lento y gradual. Un final brusco, además de provocarte molestias físicas –la retención de leche resulta inevitable en esos casos– puede suponer sentimientos de tristeza y frustración para ti, y de abandono e inseguridad para él. Por tanto, si eres tú la que ha llegado a la conclusión de que es hora de poner fin a la lactancia, planéalo con tiempo y calma. Ve eliminando tomas –una cada semana, por ejemplo–, comenzando por las centrales del día que, además, si ya ha cumplido los 6 meses, podrás sustituir por purés o papillas, y deja para el final las que notes que más “necesita” –la de la noche suele actuar de relajante–.

Pero si es tu hijo el que ha decidido abandonar la lactancia, seguramente te sorprenda su forma de hacerlo. Llegará un día en que al ponerle al pecho, vuelva la cabeza e, incluso, si le insistes, comience a llorar y a dar manotazos al pecho. No tendrás más remedio que aceptar su decisión. Pero, eso sí, antes asegúrate de que no se trata de una simple “huelga” de lactancia pasajera –periodos en los que el lactante muestra poco interés por el pecho y que se relacionan con el retorno de la menstruación en la madre, cambios en el sabor de la leche, salida de los dientes…, y que pueden superarse insistiendo en ofrecer el pecho y haciéndolo en ambientes más relajados.

Lactancia, destete y vuelta al trabajo

La reincorporación a tu puesto laboral no tiene por qué ser sinónimo de destete. Sin embargo, no son pocas las madres que inician el fin de la lactancia, incluso, semanas antes de volver a su trabajo para asegurarse de que su hijo acepta bien el cambio al biberón. Si este es tu caso, tranquila, tan solo te hará falta un poco de organización… y un buen extractor de leche. Durante las semanas previas a tu incorporación, puedes ir sacándote leche y congelándola en envases independientes, y así ir haciéndote con una buena “despensa”. Ten en cuenta que dependiendo de tu jornada laboral, tendrás que sustituir una o dos tomas. Por otra parte, y dado que estarás varias horas sin vaciar el pecho, notarás cierta retención en las mamas. Por este motivo y porque un vaciado frecuente del pecho es garantía de una adecuada producción láctea, tendrás que hacer un parón en la oficina y sacarte la leche –con un buen extractor, no tardarás más de 5-10 minutos–. Llévate, además, una neverita portátil para poder transportarla sin que se deteriore. Y por supuesto, podrás continuar con el resto de las tomas sin problemas.

Cuando el niño no quiere dejar el pecho

Pese a cumplir años, hay niños que no ven el momento de despedirse del pecho. Y es que, en lactancias prolongadas el destete puede no ser fácil para él. El papel nutritivo e inmunológico que cumplía tu leche pasa a un segundo plano, y entonces, cobra gran relevancia el vínculo afectivo que se crea entre vosotros. De cualquier forma, tendrás que desplegar toda tu paciencia y dulzura y, no ofrecer, pero tampoco negar. Ten en cuenta que también tienes a tu favor que tu pequeño es “mayor” e irá entendiendo tus explicaciones y aceptará mejor los cambios, si se los haces ver como algo justo y si lo compensas con muestras de cariño. Por tanto, pon en marcha las medidas que te recomendamos para lograr que tu hijo vaya aceptando sin traumas el final de la lactancia:

- Ve acortando poco a poco la duración de las tomas.

- Distrae a tu hijo anticipándote a las horas o situaciones en las que suele reclamar el pecho.

- Aumenta la frecuencia de comidas para evitar que el apetito le haga demandar el pecho.

- Aplaza las tomas, pactando o poniéndole condiciones –cuando termines de comer, antes de acostarte, sólo mientras estemos en casa…–, con lo que conseguirás reducir el número de veces que mama.

- Ofrécele alternativas cuando creas que no es el momento oportuno, pero intenta que sean atractivas para que no lo interprete como una negativa. Plantéale un rato de juegos, léele su cuento preferido, ponte a hacerle cosquillas o dale un masaje.

- Procura hablar con él, sobre todo, cuanto mayor sea. Explícale con cariño porqué ahora no se puede: mamá está cansada, eres muy grande y ya comes con tenedor…

¿Hay que destetar en caso de enfermedad de la madre?

Salvo una grave enfermedad que te incapacitara para amamantar a tu hijo, existen muy pocas causas médicas que obliguen a un destete que, generalmente, se produce de forma brusca. De hecho, cada vez existen más datos acerca de los medicamentos que son compatibles con la lactancia. Por tanto, antes de suspenderla por cualquier patología, ya sea pasajera o crónica, pregunta a tu pediatra. Además, podrás consultar la página web www.e-lactancia.org, del Comité de Lactancia Materna, de la Asociación Española de Pediatría en la que encontrarás una amplia información sobre la compatibilidad de los fármacos y la lactancia.

¿Qué hacer si te quedas embarazada?

Hace años, se recomendaba interrumpir la lactancia si la madre quedaba embarazada por miedo a que la oxitocina liberada durante las tomas de pecho pudiera provocar un aborto. Pero, hoy se sabe que el riesgo es muy pequeño, si no hay amenaza por otros motivos. El problema se centra más en que, por un lado, aumenta la sensibilidad de los pezones y, por otro, cambia el sabor y la composición de la leche. Pero si la madre ha podido seguir con la lactancia esos nueve meses, tampoco hay problemas en continuar amamantando al nuevo hijo sin haber destetado al primero –es lo que se denomina lactancia en tandem–. Lo único que debes tener en cuenta es que tienes que dar prioridad al recién nacido para asegurar que reciba toda la leche que necesita.

Asesoramiento: Dr. Jesús Martín-Calama