Trucos para que le guste el queso

Para pequeños ratones

Frescos, curados, de cabra o de oveja, en el postre o en el bocadillo, en una pizza... Encuentra la manera en que más le guste e incluye en su dieta una valiosa fuente de calcio.

 
Niño con queso

Una porción de queso concentra todas las propiedades nutritivas de la leche: proteínas de excelente calidad y calcio, de ahí que sea muy importante incluirlo en la alimentación del niño, eso sí, en el momento oportuno: nunca antes de su primer cumpleaños, ya que se elaboran a partir de leche de vaca, oveja o cabra, a la que puede ser intolerante.

Recuerda, además, que los expertos en Nutrición recomiendan consumir entre dos y tres raciones de lácteos al día y que lo más adecuado es combinar distintos alimentos: queso, leche, yogures... Cuando ya pueda tomar queso libremente, éstas son las mejores formas para intentarlo.

- Queso fresco. Le encantará por su sabor suave, ligeramente acidulado y su textura blandita. Añádelo a tus ensaladas u ofrecérselo como postre, mezclado con fruta y miel. Para conservarlo en óptimas condiciones, guárdalo en la parte más fría del frigorífico y consúmelo enseguida, pues se estropea con facilidad. Los petit suisse se obtienen también a partir de quesos frescos y son una excelente opción para los peques más reacios. Prueba a batirlo con un poco de yogur, añade aceite de oliva y usa esta mezcla para aliñar sus primeras ensaladas. También puedes combinarlo con la fruta de la merienda: está delicioso mezclado con pera y dátiles en trocitos. En el desayuno, ponlo sobre una tostada y adereza con aceite de oliva. Si prefiere el dulce, cúbrelo con mermelada o miel. Utilízalo como sustituto de la nata en las recetas de mousses, tartas y cremas: te quedarán mucho más suaves.

- Quesitos. Basados en la mezcla de varios quesos de distintos tipos, serán los favoritos de tu hijo, pero no son la mejor opción, pues contienen casi el doble de grasa que el resto de variedades. Ofréceselos en los primeros años, para acostumbrarle al sabor del queso. A partir de los tres años elige otras variedades –quesos curados o semicurados semigrasos– y consume quesos fundidos sólo ocasionalmente.

- Quesos “flexibles". Los más populares son la mozarella y el provolone, típicos en la cocina italiana. Úsalos para gratinar un plato de verduras hervidas –¡un excelente truco de “camuflaje” para aquellos que se resisten a comer vegetales!

- Semicurados. El manchego, el gouda, el cheddar o el edam son los más conocidos. Son ideales para comenzar a introducir “auténtico” queso en su dieta, después de los frescos y los “flexibles”.

- Blandos. Su textura es más cremosa y suave que la de los curados y no resultan excesivamente grasos. Son los tipo camembert o brie, que puedes añadir a las ensaladas o dárselo para merendar, untado sobre una rebanada de pan.

- De cabra. De sabor más intenso, ofréceselos cuando ya esté más acostumbrado al queso. Prueba a dárselos como postre, acompañado de miel o membrillo y con higos frescos, mezclado su sabor fuerte con otro dulce.

- Curados. Son ideales en pequeñas porciones, como tentempié.

- Azules. Resérvalos para cuando sea mayor, pues su sabor es muy intenso y fuerte, y tómalos ocasionalmente, pues son también ricos en sal. Algunas carnes los toleran muy bien como salsa de acompañamiento.

 

Maite Izquierdo