Prevención y tratamiento de la mastitis

Una de cada 10 mujeres padece inflamación de la mama

La mastitis  está entre los primeros motivos de abandono de la lactancia por lo que conviene prevenirla. Se logra con una buena técnica de amamantamiento.

 
Prevenir y curar la mastitis

Se llama mastitis a la inflación de la mama. En torno al 10 por ciento de las mujeres que lactan la padecen en algún momento, muy en especial dentro de las 12 primeras semanas tras el parto. 

Mastitis no infecciosa

Su origen proviene de una retención de leche dentro de la mama. Esta leche que se almacena en los alvéolos provoca la inflamación de los tejidos circundantes. La mama se tensa y duele y el niño no se agarra bien al pecho lo que origina aún más retención. Esta leche estancada en la mama favorece la proliferación de bacterias y, si no se pone remedio a la retención de leche, la mastitis evoluciona hacia la infección.

Si el niño no logra vacíar la mama, es importante sacarla con un extractor. También conviene que la puesta al pecho sea la correcta y aumentar la frecuencia de las tomas. Para aliviar las molestias y ayudar a que la leche fluya hacia fuera, aplícate compresas calientes –preferentemente calor seco-  o date una ducha templada antes de la toma. Después, el frío ayudará a rebajar la inflamación. Usa compresas frías o enfría en la nevera una bolsa de gel y aplícala en tu pecho inflamado hasta sentir alivio.

Mastitis infecciosa

La prolongada retención de leche o las grietas son los dos motivos más frecuentes de mastitis infecciona. Desde el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, se insiste en que el factor favorecedor de grietas es una mala colocación del niño. Una grieta en el pezón es una puerta abierta a la infección.

Cuando hay infección, los síntomas de mastitis se producen de forma repentina. La mama aparece enrojecida y dolorosa. Se acompaña de síntomas similares a la gripe: malestar, escalofríos, náuseas e incluso vómitos.

Cuando la madre padece mastitis, se procede a una extracción manual de leche que se analiza para identificar el germen y administrar un tratamiento. Es importante que se aplique lo antes posible para evitar complicaciones mayores. Lo adecuado es que la madre se medique en las 24 horas siguientes a los primeros síntomas.

Aunque tome antibióticos, no se debe interrumpir la lactancia que favorece la curación. La infección no se transmite al bebé y existen antibióticos compatibles con la lactancia. La leche del pecho enfermo tiene un sabor algo más salado. Si el bebé la rechaza, habrá que extraerla con un extractor y alimentarle con el otro pecho.

 

Victoria Gómez