La subida de la leche

Del calostro a la leche madura

Al final del embarazo, tu pecho ya está preparado para producir leche. Y una vez expulsada la placenta tras el parto, comenzará una revolución hormonal para que puedas alimentar a tu bebé.

 
Bebé y pecho de mamá

Dos hormonas son responsables de la secreción láctea: la oxitocina, fundamental también durante el parto, y la prolactina. La leche se fabrica en los alvéolos de la mama, que están recubiertos por células musculares. Cuando el bebé chupa, estas se contraen y el líquido fluye hacia los senos lactíferos situados detrás de la areola y el pezón, hasta llegar a su boca. Estas hormonas tan necesarias para la lactancia se liberan fundamentalmente gracias a la succión, pero muchas veces basta la proximidad de tu bebé para que el proceso se ponga en marcha. Muchas madres relatan que solo con oír el llanto del bebé, su leche fluye hacia el exterior.

Dos semanas de puesta en marcha

Los primeros días tu mama no fabricará grandes cantidades de leche. Por tanto, no pienses que no vas a ser capaz de saciar a tu bebé. Los escasos 50 mL que produces al principio contienen todo los nutrientes que tu pequeño necesita. Y no sólo eso, esta primera leche concentrada, el llamado calostro, tiene su gran valor en la elevada proporción de inmunoglobulinas y leucocitos que contiene, y que le protegerán frente a posibles infecciones. Será hacia el tercer o cuarto día después del parto –o algo más tarde si has dado a luz por cesárea–, cuando comiences a notar la “subida de la leche”. Una congestión pasajera de las mamas la pondrá de manifiesto. Y tras esta, pasarás unos días en los que, probablemente, la producción sea excesiva; tu pecho necesita tiempo para regular su fabricación según la demanda de tu hijo. En unos 15 días, la leche madura quedará instaurada… y lista para tomar.