La subida de la leche

Del calostro a la leche madura

Al final del embarazo, tu pecho ya está preparado para producir leche. Y una vez expulsada la placenta tras el parto, comenzará una revolución hormonal para que puedas alimentar a tu bebé.

 
Bebé y pecho de mamá

Justo después del parto, el pecho de la mamá empieza a segregar calostro, una sustancia amarillenta y espesa, rica en proteínas, vitaminas como la E, A, K y en minerales como  el hierro, zinc o magnesio. Esta producción es escasa - entre 2 y 20 ml por toma- pero suficiente para asegurar las necesidades nutricionales del recién nacido. Pero su gran valor viene sobre todo de su contenido en inmunoglobulinas y leucocitos, los famosos anticuerpos que le van a proteger de los gérmenes que le rodean y favorecer el desarrollo de su sistema inmunológico. Hasta la fecha, ningún laboratorio ha sido capaz de reproducir estos anticuerpos por lo que el calostro es único, el alimento perfecto para que el sistema digestivo del bebé se prepare a asimilar la leche y expulsar de su intestino el meconio, evitando así la ictericia del recién nacido. Pasada esta etapa de transición, se producirá la subida de la leche.

La subida de la leche

Por regla general, la subida de la leche se produce a las 48 horas pero en las primíparas se puede demorar hasta las 72 o 96 y en multíparas adelantarse a las 36 h. ¿Cómo se advierte? La madre siente como sus pechos se van poniendo más pesados y se hinchan. También las cosas cambian para el bebé que mojará el pañal más a menudo, con deposiciones más líquidas y claras. 

Esta subida de leche es incontrolada, la secreción aún no se ha regulado acorde a las necesidades del bebé. Con frecuencia se acompaña de una congestión pasajera de las mamas con molestias más o menos intensas. Pasarás unos días en los que, probablemente, la producción sea excesiva; tu pecho necesita tiempo para regular su fabricación según la demanda de tu hijo. En unos 15 días, la leche madura quedará instaurada y la lactancia tomará su velocidad de crucero.

Como aliviar la congestión mamaria

Además de molestias y riesgo de sufrir ingurgitación mamaria, la tensión en las mamas puede dificultar la puesta al pecho. Al estar duro e hinchado, el bebé no logra un buen acoplamiento boca-pecho. Cuando esto ocurre, conviene ponerle al pecho con mayor frecuencia y vaciar la mama manualmente o con un sacaleche. En pocos días, la secreción se habrá regulado y tu bebé recibirá el alimento en su justa dosis, según sus necesidades. 

Cómo se segrega la leche

Dos hormonas son responsables de la secreción láctea: la  oxitocina, fundamental también durante el parto, y la  prolactina. La leche se fabrica en los alvéolos de la mama, que están recubiertos por células musculares. Cuando el bebé chupa, estas se contraen y el líquido fluye hacia los senos galactóforos situados detrás de la areola y el pezón, hasta llegar a su boca. Estas hormonas tan necesarias para la lactancia se liberan fundamentalmente gracias a  la succión, pero muchas veces basta la proximidad de tu bebé para que el proceso se ponga en marcha. Muchas madres relatan que solo con oír el llanto del bebé, su leche fluye hacia el exterior.