Alimentos buenos y malos en la lactancia

Destierra mitos

Tu pecho es capaz de producir la cantidad de leche que necesitas para alimentar a tu pequeño por lo que no necesitas tomar ninguna medida para cambiarlo. Hay algunos consejos que sí pueden serte útiles.

 
Mitos lactancia

Ni la cerveza ni las infusiones harán que tengas más leche ni hay que aumentar la ingesta de leche para compensar la que pierdes. Te contamos la verdad sobre algunos mitos de la  alimentación mientras das de mamar a tu pequeño.

La cerveza NO estimula la secreción láctea.
Si bien es cierto que la cerveza favorece la liberación de prolactina, hormona imprescindible en la lactancia, el aumento en tu producción se debe a un polisacárido de la cebada. Sin embargo, el contenido de alcohol de la cerveza, incluidas las denominadas “sin”, sí pasa a la leche y, por tanto, llega a tu bebé. Olvídate de la cervecita fresca como aperitivo hasta que tu niño se pase al biberón.

La col sobre el pecho ALIVIA la tensión de mamas.
Es diurética, antidiarreica, se usa para el tratamiento de úlceras, resfriados y mejora la ronquera pero, además, posee propiedades antiinflamatorias. Si la subida de la leche te ha provocado tensión, recuerda que vaciar correctamente el pecho, ya lo haga tu bebé comiendo o tú con un extractor, es la medida más eficaz para solucionar el problema. Machacar una hoja de col sin el nervio central y aplicarla directamente sobre el pecho también aliviará esta molesta sensación.

Las infusiones NO aumentan la producción de leche.
Alcachofa, anís, comino, lino, romero o zarzaparrilla son algunas de las plantas medicinales que se suelen citar como galactogogos –que aumentan l a cantidad de leche– y que, en realidad y consumidas asiduamente, podrían reducirla debido a los flavonoides y a su actividad estrogénica. Si hablamos de otras, como la alfalfa, la amapola o el famoso anís estrellado que durante décadas “alivió” los gases de millones de niños, contienen productos tóxicos que podría dañar tanto a la madre como al bebé.

Comer pescado MEJORA LA CALIDAD de la leche.
El pescado es rico en omega-3, unos ácidos grasos esenciales en la dieta diaria y más en el embarazo y la l actancia, ya que intervienen en el desarrollo del cerebro y la visión del niño hasta los tres años de edad. Consume pescado azul al menos dos veces a la semana, sardinas, salmón, bonito...  también lo contienen el marisco y algunos aceites vegetales, el de soja o lino, por ejemplo.

Algunos vegetales MODIFICAN el sabor de la leche.
Es el caso de los espárragos pero también del ajo crudo, la cebolla y los picantes. Pero, ojo, esto no significa que tengas que eliminarlos radicalmente de tu dieta. Puede que a tu hijo no le disguste ese nuevo sabor. Además, es bueno que vaya familiarizándose con la mayor variedad de sabores posible. Suprímelos sólo si tu bebé rechaza el pecho de plano.

Hay que AUMENTAR la ingesta de alimentos ricos en calcio.
Durante el embarazo, tu ginecólogo te recomendó que consumieras unos 750 cl de leche al día –sustituibles por yogures o quesos– para tener un correcto aporte de calcio. Como recuerda la nutricionista Gemma Bes, “puedes obtenerlo también de los vegetales de color verde oscuro, de semillas, nueces o pescados con espinas.” Continúa haciéndolo en la lactancia, pero no es necesario que aumentes la ingesta de leche para reponer la que toma tu hijo. ¿O alguna vez has visto a una vaca “mamando” después de alimentar a sus terneros?

 

Laura Jiménez




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