Dieta para broncearte y cuidar la piel

Morena, sana y delgada

Te proponemos una dieta para que puedas comer de manera saludable y ligera, te pongas morena de forma natural y protejas tu piel de los rayos del sol. Todo con un solo régimen alimenticio. 

 
Mujer mirando al mar

Este año quieres lucir un bonito bronceado. Eso sí, cuidando la piel. Para ello, nada mejor que seguir las recomendaciones de los dermatólogos: tomar el sol con moderación, evitando las horas centrales del día, y usar crema protectora de factor alto –como mínimo, de 30–, sombrero y gafas. 

Y otra medida que te ayudará a adquirir un precioso color dorado, al tiempo que previene los riesgos de la exposición solar, es la nutrición. Y es que hay determinados alimentos que preparan la piel para el bronceado y no engordan. ¿Qué más quieres para este verano?

Frutas y verduras de temporada

Tomar el sol tiene riesgos para la piel, desde enrojecimiento o inflamación hasta consecuencias más serias, como quemaduras o, incluso, melanomas. Por eso, lo que el cuerpo necesita son antioxidantes, que van a ayudar a regenerar la piel y a minimizar, en lo posible, esos daños de las radiaciones ultravioletas. 

Si, además, quieres potenciar el bronceado y que dure más, es aconsejable tomar alimentos que contengan pigmentos naturales. Lo bueno es que muchos de ellos están en su mejor momento durante el verano y que, además de pigmentos, también tienen potentes antioxidantes, es decir, incorporan las dos cualidades más importantes para aprovechar los ratos del sol de manera saludable. 

Por eso, te recomendamos aumentar la ingesta de frutas y verduras de temporada –tomates, albaricoques, sandías, cerezas, acelgas y pepino, entre otras muchas–, desde unas tres o cuatro semanas antes de ir a la playa o a la piscina. 

Nutrientes que no pueden faltar

  • El betacaroteno. Es un pigmento vegetal que estimula el bronceado, al favorecer la síntesis de la melanina. Además, es antioxidante que protege frente a las radiaciones ultravioletas y a los radicales libres, que son responsables del envejecimiento. Está presente en la zanahoria, el melocotón, la calabaza, las espinacas, el calabacín...
  • El licopeno. Es otro pigmento que aporta ese característico color rojo a la sandía y al tomate para protegerlos del sol. 
  • La zeaxantina. Cuida la piel y la retina ocular de las radiaciones ultravioletas. Es un pigmento liposoluble de color amarillento presente en el huevo –muy rico en vitamina A–, el mango, las acelgas o el maíz. 
  • Vitamina C. Ayuda a luchar contra los radicales libres y minimiza algunos efectos del sol sobre la piel, como la sequedad, las arrugas y las manchas. Está presente en la naranja, el kiwi, la granada, las fresas, el brécol, el perejil y el pimiento.
  • Vitamina E. Protege a las células de las agresiones externas, como la contaminación o el sol, que causan el envejecimiento prematuro. La encuentras en aceites, como el de girasol o el de oliva, en frutos secos, como las almendras, o en legumbres, como la soja.
  • Acidos grasos esenciales. Son fundamentales para nutrir la piel desde dentro. Además, algunos de ellos, como los omega 3, que se pueden encontrar en el pescado azul, tienen propiedades antiinflamatorias. Pero el ácido graso más importante es el linoleico, de los omega 6, que evita la pérdida de agua de la piel. El aceite de borraja, el de oliva y el de girasol son ricos en ácido linoleico.
  • Agua. Beber, al menos, dos litros de agua es fundamental para tu salud en general –la deshidratación es una condición grave– y para la de tu piel. Le ayudará a eliminar toxinas y reducir la sequedad que produce el sol. 

Un ejemplo de menú

Zanahoria, tomate, melocotón, sandía, albaricoque, cereza... Todas estas frutas y verduras, que te ayudarán a preparar tu piel para el verano, son de temporada, lo que significa que tienes la suerte de encontrarlas en su mejor momento y con el mejor sabor. Y son ideales para hacer sopas y purés fríos, ensaladas y zumos. 

  • Comienza el día con un cóctel multivitamínico antioxidante, por ejemplo con uno a base de zanahoria –rica en betacaroteno– y naranja, que tiene un alto contenido de vitamina C. Puedes hacer un zumo diferente cada día, utilizando otras frutas y verduras pero con las mismas propiedades: fresa, pomelo, limón, kiwi, melocotón o albaricoque. Si le añades, unas tostadas de pan con tomate y aceite de oliva, tendrás un desayuno redondo. 
  • Para comer, nada mejor que una sopa fría de zanahoria y calabacín o el tradicional gazpacho, con tomate, pimiento y pepino. Añádele perejil, y tendrás los alimentos más ricos en betacaroteno. De segundo, toma pescado azul –por ejemplo, un filete de salmón– que es una fuente de ácidos grasos esenciales, y de postre, un sorbete de sandía. 
  • La cena puede consistir en una ensalada de verduras –o de frutas– que tengan propiedades antioxidantes y potenciadoras del color, y un huevo revuelto con espinacas. Para las ensaladas utiliza tomate, remolacha, zanahoria, col, ciruelas, mandarina o melocotones. 

 Asesoramiento: Sara Jiménez, director de I+D de Nutrición Center. 

 

 

Gema Martín




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